domingo, 3 de febrero de 2019

Telescopios a la búsqueda de alienígenas: "No podemos pensar que somos los únicos"


Vista de la Vía Láctea desde las Montañas Rocosas en Colorado (EEUU) JEREMY THOMAS

La detección de unas raras ráfagas de radio (FRB) para las que aún no hay explicación científica clara han disparado las especulaciones sobre su posible origen alienígena
Mientras tanto, crecen los proyectos para encontrar rastros de otras civilizaciones
Imagine que tiene que buscar una aguja en un gigantesco pajar, pero no sabe qué aspecto tiene una aguja ni tiene la seguridad de que las agujas existen... No muy distinto es el panorama al que se enfrentan los científicos que rastrean el espacio profundo a la búsqueda de señales enviadas por lejanas civilizaciones extraterrestres. Civilizaciones muy avanzadas, claro, porque tendrían que haber sido capaces de crear la tecnología necesaria para llegar a nosotros.
Bajo el nombre genérico de SETI (del inglés search for extra terrestrial intelligence o búsqueda de inteligencia extraterrestre) se engloban todos los proyectos que desde los 60 tratan de dar con señales alienígenas usando diversas tecnologías. El programa más famoso es el de un instituto que también se llama SETI y se hizo popular gracias a la película Contact, estrenada en 1997 y basada en una novela del astrofísico Carl Sagan, pionero a la hora de proponer el uso de radiotelescopios para buscar señales procedentes de otras formas de vida.
En ella, la actriz Jodie Foster -que en la vida real es una de las mecenas del Instituto SETI- interpreta a una científica que logra contactar con extraterrestres. Dos décadas después del estreno de este film, cualquier contacto con seres alienígenas sigue perteneciendo al terreno de la ciencia ficción. Que se sepa, claro está. Porque sí se han registrado algunas señales anómalas para las que los científicos no han encontrado explicación.
Entre ellas, la reciente detección realizada con el radiotelescopio canadiense CHIMEde un misterioso fenómeno llamado ráfagas de radio rápidas o FRBs (del inglés fast radio bursts), que ha disparado este mes las especulaciones sobre si su origen pudiera ser una civilización extraterrestre.
Las FRBs son fenómenos de gran energía que se manifiestan como un pulso de radio tan fugaz que sólo dura milisegundos. Fueron detectadas por primera vez en 2007 por telescopios australianos y desde entonces se han captado unas 60. El revuelo por la detección anunciada el 9 de enero durante el congreso de la Sociedad Astronómica de EEUU de Seattle y publicada en la revista Nature se debe a que se trata de la segunda vez que se identifica una FRB con pulsos repetidos desde una misma fuente. La primera vez el hallazgo se hizo en 2015 con el radiotelescopio de Arecibo de Puerto Rico.
La hipótesis más respaldada por la comunidad científica es que estas ráfagas raras son causadas por eventos astrofísicos que tienen lugar a miles de millones de años luz de la Tierra, pero algunos astrónomos no descartan que esas FRB tengan un origen artificial y, como propone Avi Loeb, de la Universidad de Harvard (EEUU), que se trate de rayos de energía utilizados para propulsar naves extraterrestres.
Para Vicent J. Martínez, investigador del Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia (UV), la teoría de la civilización extraterrestre "es muy tentadora cuando tienes algo nuevo que no sabes qué es o no encaja. No es lo más probable aunque no se puede descartar".
"Las explicaciones más plausibles apuntan a que llegan desde muy lejos y podrían provenir de supernovas, choques de agujeros negros...pero realmente no sabemos qué son. Si tuviéramos un buen candidato para explicar las FRB, a nadie se le ocurriría la teoría de los extraterrestres", apunta su colega Fernando Ballesteros, también del Observatorio Astronómico de la UV.
"Cuando hablas de una señal de radio la gente suele pensar en algo artificial porque es así como entendemos la comunicación pero en el universo todo emite en radio: el sol, las estrellas, los planetas gigantes, el gas interestelar...Hay muchas fuentes naturales y por eso existe la radioastronomía", afirma Héctor Socas Navarro, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). En su opinión, "casi nadie que trabaje en SETI cree realmente que las FRB sean artificiales y a la mayoría nos parece que es más una explosión que una señal".
Y es que, según explica, "las FRB son pulsos, no señales moduladas que tengan información. Y vienen de cualquier parte, pensamos que de fuera de nuestra galaxia pero no estamos seguros. Si llegan de tan lejos, debe haber algo muy potente que las produjo porque la energía que liberan en un milisegundo es equivalente a la que emite un sol en un año", detalla.
"No sabemos su origen pero como son emisiones de muy alta energía, hay que ver qué procesos astrofísicos pueden liberarla. Y ahí entran los remanentes de supernova, que son explosiones estelares que terminan en un púlsar o un agujero negro; también pueden ser emisiones que provengan de un disco alrededor de un agujero negro o en una galaxia supermasiva", propone desde Santiago de Chile Andrés Pérez Sánchez, astrónomo del Observatorio Europeo Austral (ESO).
Pérez, que trabaja en el radiotelescopio ALMA, coincide en que "no se puede descartar" la teoría de los seres alienígenas, pero "la probabilidad es muy baja".Como argumenta, "en la Tierra tenemos la posibilidad de mandar señales para que sean detectadas en el espacio, pero ¿cuántas especies de las que viven en la Tierra pueden enviar esas señales? Sólo los humanos".
Para esclarecer de qué región del cielo proceden y qué las produce, hacen falta más detecciones, por eso hay grandes expectativas puestas en el telescopio CHIME, que ya durante la fase de pruebas del verano de 2018, detectó 13 FRB, entre ellas la que ha suscitado tanta expectación.
Como repasa Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN), "las búsquedas en el óptico fueron ya propuestas poco después de que Charlie Townes descubriese el láser, en los 60. La idea es que una civilización extraterrestre podría utilizar láseres de alta potencia (como los que se están desarrollando ya en la Tierra) para impulsar naves espaciales o realizar emisiones de banda muy ancha".
"Hay SETI pasivo (intentar escuchar señales) y SETI activo (enviar señales desde la Tierra), que es el más controvertido porque hay gente que opina que los extraterrestres podrían venir a destruirnos", señala Héctor Socas. El mismísimo Stephen Hawking alertó del riesgo de conseguir contactar con extraterrestres, algo que intentaron en 1974 Frank Drake y Carl Sagan mandando desde un radiotelescopio el llamado mensaje de Arecibo, una emisión de radio que informaría sobre nuestra existencia a posibles seres alienígenas.
Pero en opinión de Socas, esos temores son infundados: "En primer lugar nadie puede viajar más rápido que la Luz y aunque nuestras señales fueran detectadas por otra civilización, tardarían muchísimo tiempo en llegar a nosotros. Y en segundo lugar, no creo que les interesara venir a por nuestros recursos porque, al contrario de lo que nos suelen decir, la Tierra es un sitio muy común y no tenemos materiales o minerales que no se puedan encontrar en otro sitio", reflexiona el astrofísico canario.
La financiación privada está permitiendo hacer realidad diversos proyectos de búsqueda extraterrestre, un campo que ha atraído a multimillonarios como Yuri Milner (DST Global) y Mark Zuckerberg (Facebook), padres de las iniciativas Breakthrough. Mientras Breakthrough Starshot pretende enviar naves del tamaño de un microchip al sistema estelar más cercano para comprobar si hay vida, Breakthrough Listen escucha señales de radio para buscar civilizaciones extraterrestres.
Con los años, el Instituto SETI ha ido mejorando su tecnología y en la actualidad tiene en marcha varios programas para buscar rastros alienígenas en regiones más amplias del cielo mediante distintos sistemas. Su instalación principal son las antenas del Allen Telescope Array (ATA) en California.
También la NASA está interesada en empezar a financiar proyectos SETI que no estén basados en la búsqueda de ondas de radio, que es la estrategia en la que se basa la gran mayoría de esos programas. "La NASA quiere hacer cosas que no haya hecho nadie", señala Héctor Socas, que en septiembre participó en una reunión de expertos en Houston organizada por la agencia espacial de EEUU para conocer cuáles son los tecnomarcadores más interesantes.
De la misma forma que existen biomarcadores para determinar si un planeta puede ser habitable, los científicos buscan tecnomarcadores o rastros de tecnología en otros mundos. Ya en 1960 el físico Freeman Fyson propuso en un artículo publicado en la revista Science una hipotética megaestructura (conocida como la esfera de Dyson) alrededor de una estrella que permitiría a una civilización avanzada aprovechar al máximo la energía de su astro.
En la misma línea, Socas es el autor de un artículo científico en el que propone el uso de telescopios para intentar detectar posibles satélites geoestacionarios construidos por otras civilizaciones. En la Tierra esos satélites están ubicados en una órbita muy precisa, a 36.000 km de distancia, y Socas cree que se podrían detectar en otros mundos con el mismo método de tránsito con el que se detectan ahora los planetas fuera del Sistema Solar.
Aunque admite "que es muy difícil ver estas estructuras en otras estrellas y hay muchas incertidumbres, pues no sabemos cómo es de común es la inteligencia y la tecnología, cada vez somos capaces de observar mejor y eso hace que tengamos más posibilidades de encontrar las civilizaciones".
También se ha propuesto estudiar huellas de calor y de contaminación atmosféricaen otros mundos, asumiendo que la concentración de población y de industria en ciertas zonas darían pistas sobre si están habitados. "El problema es que no tendríamos forma de distinguir esas huellas de un fenómeno natural, pues el calor podría provenir de un volcán, por ejemplo".
Lo mismo ocurre con las señales de radio de las que se ha sospechado que podrían ser artificiales: siempre se puede encontrar una explicación en la naturaleza. Entre ellas destaca la señal Wow!, captada en 1977 por el telescopio Big Ear de Ohio (EEUU). Fue muy potente y duró varios minutos pero no se volvió a repetir. "Tras su detección inicial, la señal ha sido buscada con ahínco, y siempre sin éxito. Mientras no se vuelva a medir, continuará siendo una curiosidad", señala Bachiller.
Años después, un estudio explicó el origen de Wow! en un cometa, pero fue rebatido por otros investigadores. También Bachiller opina que la hipótesis del cometa puede descartarse: "Sin embargo, una interferencia causada por una emisora o algún dispositivo eléctrico (o dentro del propio observatorio) podría haber causado la señal de manera esporádica".
Otra señal intrigante fue la SHGb02+14A, detectada en 2003 desde Arecibo en tres ocasiones pero más débil que Wow!. Fernando Ballesteros cree que "no se puede descartar que fuera ruido".
Como señala Vicent Martínez, el revuelo por la última FRB ha coincidido con los rumores sobre el enigmático asteroide Oumuamua, con una rara forma de puro alargado sobre el que se ha especulado que podría ser un vehículo espacial. "Por la altísima velocidad a la que viaja sabemos que viene de fuera del Sistema Solar.Nunca se había observado un objeto así, que fuera 10 veces más grande de largo que de ancho. Cuando se descubrió estaba muy cerca del Sol y no se vio que emanara gases, como ocurriría si fuera una roca con hielo. Parecía que era una roca inerte pero al empezar a alejarse ha empezado a acelerarse y no tenemos forma de explicar esa aceleración", resume el astrónomo.
Fernando Ballesteros cree que "debe emitir algún tipo de gases, quizás muy tenues y localizados, que explicarían esa aceleración, aunque hay científicos que creen que puede ser compatible con una vela solar, un tipo de tecnología que estamos probando en la Tierra y que se basa en usar el viento y la radiación solar para empujar una nave a velocidades muy altas".
Lo cierto es que todo los que tiene que ver con extraterrestres causa gran expectación pero mientras hay científicos como Silvano Colombano, del Centro Ames de la NASA, que proponen que la búsqueda de vida extraterrestre debería "ser más agresivay se debe dedicar más esfuerzos a ella, para otros es una pérdida de tiempo y dinero. Andrés Pérez es de los que piensa que es muy importante destinar dinero a esa búsqueda: "El universo es tan vasto que no podemos pensar que somos los únicos. Lo importante es que se definan los procedimientos y la búsqueda se base en experimentos científicos y no en especulaciones".
"La búsqueda de vida inteligente se realiza a ciegas, tanteando en la completa oscuridad así que las posibilidades de éxito son imposibles de evaluar. Por ello, mientras no tengamos idea de dónde mirar o escuchar, creo que una inversión muy cuantiosa en proyectos específicos para búsqueda de vida inteligente no está bien justificada", opina Rafael Bachiller que, sin embargo, no considera descabellado lo que se está haciendo ahora: "Usar parte del tiempo de observación de algunos radiotelescopios, mientras no están siendo utilizados para astronomía, para dejarlos escuchar esperando a ver si salta la liebre por algún lado".


miércoles, 30 de enero de 2019

Tiny Object Found at the Edge of the Solar System for the First Time. A Kuiper Belt Object that’s Only 2.6 km Across

The Kuiper Belt, or the Edgeworth-Kuiper Belt, is home to ancient rocks. Kuiper Belt Objects, or KBOs, are remnants of the early planet-formation days of our Solar System. Small KBOs, in the 1 km. diameter range, have been theorized about for decades, but nobody’s every found one.
Until now.
Planets form when bits of dust conglomerate into rocks, which conglomerate into boulders, which conglomerate into larger and larger objects. In our inner Solar System, we can see many of these larger rocks, or asteroids. We can study them, but they’re not the same as the distant, ancient KBOs. Asteroids in our neighbourhood have been changed by exposure to solar radiation, by collisions, and by interacting with the gravity of the planets.
But KBOs are more pristine. They’re a truer representation of the state of things in the early Solar System. That’s why finally confirming the existence of one is creating so much interest.
The Kuiper Belt was named in honor of Dutch-American astronomer Gerard Kuiper, who postulated a reservoir of icy bodies beyond Neptune. The first Kuiper Belt object was discovered in 1992. We now know of more than a thousand objects there, and it's estimated it's home to more than 100,000 asteroids and comets there over 62 miles (100 km) across. Credit: JHUAPL
The Kuiper Belt was named in honor of Dutch-American astronomer Gerard Kuiper, who postulated a reservoir of icy bodies beyond Neptune. The first Kuiper Belt object was discovered in 1992. We now know of more than a thousand objects there, and it’s estimated it’s home to more than 100,000 asteroids and comets there over 62 miles (100 km) across. Credit: JHUAPL
Scientists have predicted the existence of KBOs between 1 km and several km diameter. But they’re so far away, so tiny, and so incredibly dim that there’s just no way a telescope can spot one. But a research team led by Ko Arimatsu at the National Astronomical Observatory of Japan found a way to detect them: occultation.
In the same way that we can detect exoplanets around distant stars by watching for dips in starlight, Arimatsu and his team reasoned, we can watch distant stars and look for dips caused by a KBO in our Solar System. They started the OASES (Organized Auto-telescopes for Serendipitous Event Survey) project to do it.
“This is a real victory for little projects.”
Ko Arimatsu, National Astronomical Observatory of Japan
They placed two small (28 cm) telescopes on the roof of the Miyako open-air school on Miyako Island, Miyakojima-shi, Okinawa Prefecture, Japan, and monitored approximately 2000 stars for a total of 60 hours.
When they analyzed the 60 hours of data, the team discovered a star appearing to dim as it is occulted by a 1.3 km radius Edgeworth-Kuiper Belt Object. Their work indicates that kilometer-sized Edgeworth-Kuiper Belt Objects are more numerous than previously thought. It also supports planetary formation models where planetesimals first grow slowly into kilometer sized objects before runaway growth causes them to merge into planets.
In a press release, Arimatsu explains: “This is a real victory for little projects. Our team had less than 0.3% of the budget of large international projects. We didn’t even have enough money to build a second dome to protect our second telescope! Yet we still managed to make a discovery that is impossible for the big projects. Now that we know our system works, we will investigate the Edgeworth-Kuiper Belt in more detail. We also have our sights set on the still undiscovered Oort Cloud out beyond that.”
More detections will confirm the team’s findings, and when they do, it will fill in an observational gap in our understanding of planet formation. As the team says in their paper, “If this is a true KBO detection, this implies that planetesimals before their runaway growth phase grew into kilometre-sized objects in the primordial outer Solar System and remain as a major population in the present-day Kuiper belt.”
Fuente: https://www.universetoday.com/141356/tiny-object-found-at-the-edge-of-the-solar-system-for-the-first-time-a-kuiper-belt-object-thats-only-2-6-km-across/

domingo, 20 de enero de 2019

2019: Un año extraordinario para la exploración espacial



El telescopio CHEOPS de la Agencia Espacial Europea. ESA

Coincidiendo con el 50 aniversario de la llegada del primer hombre a la Luna, en este año tenemos por delante un calendario excepcional de actividades espaciales: múltiples misiones para la exploración de la Luna, el lanzamiento de varios telescopios espaciales, más naves tripuladas y hasta la creación de lluvias artificiales de estrellas.

Un inicio con brío

El año 2018 había puesto el listón muy alto en lo que se refiere a la actividad en ciencia espacial. Siete países, además de los 22 estados europeos que nos encontramos agrupados en la Agencia Espacial Europea (ESA), participaron en más de un centenar de lanzamientos. Entre todos estos, China ha sido el gran protagonista, con 39 lanzamientos que incluyen varias sondas lunares. Además, otras naciones también han alcanzado grandes logros, entre ellos el aterrizaje del todoterreno InSight en Marte (NASA con participación española), el lanzamiento de BepiColombo hacia Mercurio (ESA), la puesta en órbita del telescopio TESS, un cazador de exoplanetas, y de la Sonda Solar Parker (ambos de NASA).


Todo parece indicar que esta intensa actividad espacial continuará en 2019 al menos al mismo nivel. De hecho el año ha comenzado con gran brío, tal y como demuestran dos grandes acontecimientos: la llegada el día de año nuevo de la sonda de NASA New Horizons a Ultima Thule, por ahora el objeto más lejano de los explorados en el sistema solar, y el alunizaje del robot chino Yutu 2 en la cara oculta de la Luna el pasado 3 de enero.

El año de la Luna

La llegada de los primeros humanos a la Luna el 20 de julio de 1969 será objeto de grandes celebraciones en este año de su 50 aniversario. Quizás sea en parte por ello que la exploración lunar tendrá especial relevancia a lo largo de todo el 2019. A la sonda china Chang'e 4, la que transportó el todoterreno Yutu 2 a la cara oculta de la Luna a principios de enero, seguirá a finales de año la Chang'e 5que incluye otro vehículo diseñado para alunizar, perforar la superficie selenita y tomar unos cuantos kilos de material lunar para después traerlos a la Tierra.


India también tiene planes para la Luna: si todo va bien, el 30 de enero lanzará la sonda Chandrayaan 2 que va equipada con un orbitador y un vehículo que alunizará entre los cráteres del polo sur lunar.
La empresa basada en Israel SpaceIL lanzará el Beresheet, otro vehículo para ser depositado en la Luna, utilizando un cohete Falcon 9 de la empresa SpaceX. La nave espacial irá ascendiendo en una serie de órbitas elípticas progresivamente mayores, para alcanzar nuestro satélite al cabo de dos meses y medio.
Y es que el número de iniciativas privadas para alcanzar la Luna continúa creciendo. Varias de éstas participaron en el premio convocado por Google denominado Lunar X, dotado inicialmente con 20 millones de dólares, que consistía en enviar un vehículo a la Luna que fuese capaz de trasladarse una distancia mínima de medio kilómetro y de enviar fotografías a la Tierra. Aunque el premio (que debió otorgarse en marzo de 2018) quedó desierto, algunas de las empresas participantes siguen trabajando en este objetivo y esperan alcanzar la Luna en 2019. Entre ellas se encuentra la misión estadounidense Moon Express.

Telescopios espaciales

De entre las misiones diseñadas para la investigación astrofísica hay que destacar el telescopio espacial CHEOPS de ESA, que debería ser lanzado en otoño próximo. Se trata de un pequeño espejo de 33 centímetros dedicado a la observación de exoplanetas ya conocidos con el fin de determinar sus tamaños. Otro gran acontecimiento para la ESA podría ser el lanzamiento del observatorio Solar Orbiter dedicado a realizar observaciones del Sol desde corta distancia. Sin embargo, su fecha de lanzamiento viene retrasándose desde el año 2017 y parece posible que el acontecimiento tenga lugar a principios de 2020. ESA también tiene pendiente para finales de 2019 el lanzamiento de LARES 2, un satélite equipado con espejos capaces de reflejar la luz de potentes láseres emitidos desde observatorios terrestres con el objetivo de realizar medidas finas de la teoría de la relatividad de Einstein.
China tiene dos proyectos que podrían ver su puesta en órbita en 2019: un detector de destellos de rayos gamma (Tianyi-4) y otro de ondas gravitacionales (TianQin), mientras que Rusia sigue teniendo pendiente el lanzamiento de su observatorio de rayos X Spektr RG, un proyecto en el que también participa Alemania y que ha sufrido múltiples retrasos.

Nuevas naves tripuladas

Uno de los grandes acontecimientos espaciales del año será el lanzamiento de una nave Dragon-2 con dos astronautas a bordo. El lanzamiento está previsto para mediados de junio desde Cabo Cañaveral a bordo de un Falcon 9, la nave va dirigida hacia la Estación Espacial Internacional donde se acoplará para permanecer allí durante un par de semanas. El vehículo ha sido diseñado y construido por la empresa SpaceX del visionario Elon Musk. Esta misión irá precedida de una misión no tripulada de demostración que será lanzada a finales de enero.


La misión tripulada de SpaceX tendrá un gran valor simbólico: será la primera misión privada que pondrá astronautas en órbita y éstos serán los primeros astronautas lanzados por EEUU desde que el transbordador espacial Atlantisefectuase su último vuelo el 8 de julio de 2011.
La empresa Boeing también se encuentra diseñando otra nave espacial tripulada, la denominada Starliner. Aunque este proyecto viene sufriendo muchos retrasos, los planes actuales incluyen la realización de un vuelo no tripulado en marzo que servirá de preparación al vuelo tripulado que tendría lugar hacia el mes de agosto.


Si estas misiones de prueba de Space X y Boeing se desarrollan con éxito, los vuelos regulares a la Estación Espacial Internacional podrían comenzar con estas mismas naves a partir del año 2020, sumándose así a las naves tripuladas ya existentes: la rusa Soyuz y la china Shenzou. Además, tanto China como EEUU se encuentran ya diseñando otras naves tripuladas de nueva generación.

Lluvias artificiales de estrellas

Mención aparte merece el proyecto de la empresa japonesa ALE (Astro Live Experiences) para el lanzamiento de un pequeño satélite artificial capaz de crear una lluvia artificial de estrellas. Para ello, el satélite lanzará centenares de bolitas al espacio que, al entrar en la atmósfera, se quemarán por la fricción con el aire dejando brillantes estelas que serían visibles en un área de hasta 200 kilómetros de diámetro.
Aunque concebida principalmente como una actividad de ocio y entretenimiento, la empresa ALE argumenta que estas lluvias de estrellas fugaces permitirían el estudio de las trayectorias de unos meteoritos artificiales que tendrán composición, velocidad y ángulo de incidencia conocidos, con lo que se podrán investigar las propiedades de las capas superiores de la atmósfera. Estos datos también serían útiles para investigaciones sobre la eliminación de basura espacial.

Fuente:https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2019/01/13/5c3b296721efa02f488b4601.html

lunes, 14 de enero de 2019

El enigma de las señales cósmicas que llegan cada 131 segundos

Reconstrucción del agujero negro devorando una estrella. CHANDRA / EPV

Dos estudios aclaran el comportamiento de los agujeros negros, los objetos más violentos del universo.


Durante 500 días, unas potentes señales de rayos X llegaron a la Tierra desde una remota galaxia. Lo más sorprendente es que eran periódicas. Se repetían exactamente cada 131 segundos. Para alcanzar esa galaxia y conocer el origen de esas señales habría que viajar durante casi 300 millones de años a 300.000 kilómetros por segundo —la velocidad de la luz— algo totalmente imposible con la tecnología actual. Ahora, gracias a varios telescopios espaciales, un equipo de astrónomos ha conseguido explicar el fenómeno y, de paso, aclarar cómo se alimentan los agujeros negros.
La teoría de la relatividad de Einstein predice la existencia de estos cuerpos, cadáveres de grandes estrellas cuya enorme masa se concentra en una superficie esférica reducida de forma que nada que cruce su umbral puede escapar a su poderosa fuerza gravitatoria, ni siquiera la luz. Son invisibles a los telescopios, pero gracias a la observación de su entorno puede conocerse mejor las diferentes clases de agujeros y su comportamiento.
Un evento como este sucede solo una vez cada 50.000 años en una galaxia
DHEERAJ PASHAM, ASTROFÍSICO
En noviembre de 2014, varios telescopios captaron un estallido de rayos X llegado desde un agujero negro con una masa un millón de veces superior a la del Sol que está en el centro de la galaxia en cuestión. Es un cuerpo similar al que hay en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. El destello se produjo cuando el agujero engulló una estrella que cruzó el horizonte de sucesos, el límite más allá del cual nada puede escapar a su atracción.
“Un evento como este sucede solo una vez cada 50.000 años en una galaxia”, resalta Dheeraj Pasham, físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EE UU. Su equipo ha analizado las observaciones de este agujero negro hechas por los telescopios espaciales XMM Newton de la Agencia Espacial Europea, y Chandra y Swift de la NASA. Todos captaron la misma señal pautada de rayos X que llegaba justo desde el horizonte de sucesos.
Gracias a estas señales el equipo ha podido estimar por primera vez la velocidad de rotación de un agujero negro: 150.000 kilómetros por segundo, es decir, la mitad de la velocidad de la luz, según explican en un estudio publicado este jueves en Science y presentado en el congreso de la Sociedad Astronómica de EE UU, que se celebra en Seattle.
La hipótesis del equipo es que parte de la estrella no fue devorada, sino que se desintegró en una nube de gas y polvo que quedó orbitando justo en el horizonte del agujero. Los pulsos periódicos se deben a que hay otra estrella en la misma órbita, una enana blanca, que arrastró consigo la nube de polvo y produce las emisiones periódicas de rayos X. Se trata de un fenómeno extremadamente raro que durará solo unos cientos de años antes de que el agujero se trague a este otro astro, explican los responsables del estudio.
El trabajo de Pasham permitirá explorar regiones del cosmos imposibles de visitar y aclarar la evolución de este tipo de agujeros negros, fundamentales para la evolución de las galaxias que se forman a su alrededor. “Usando estos mismos principios”, explica Pasham, se podría inferir la rotación de otros agujeros negros supermasivos e incluso crear “una función de distribución para explicar cómo han evolucionado los agujeros negros supermasivos desde el principio del tiempo hasta ahora”, explica. Sobre los pulsos periódicos, tal vez no se vuelva a saber más. “La señal estuvo activa durante 500 días. Después el brillo disminuyó radicalmente y ya no es detectable con ningún telescopio”, explica el astrofísico. Solo se conoce otro caso de este tipo de señales, añade.
El año pasado se captó otro potente estallido de rayos X llegado de un lugar a apenas 10.000 años luz de la Tierra. Era un agujero negro de 10 masas solares que acababa de engullir una gran cantidad de polvo y gas que provenía de una estrella cercana. Un equipo de astrónomos de EE UU y Europa recurrieron al experimento Nicer, que comenzó a funcionar el año pasado a bordo de la Estación Espacial Internacional, para cartografiar el agujero negro en función de sus emanaciones de luz. Alrededor de estos cuerpos se forma un disco de gas y polvo a cientos de miles de grados sometido a la gran velocidad de rotación, lo que acaba descomponiendo los átomos. Los protones y los neutrones quedan en este disco de acreción mientras que los electrones forman una nube justo encima del agujero que recibe el nombre de corona. El estudio, publicado en la portada de la revista Nature, ha captado cómo esta corona se contrae decenas de kilómetros cuando el agujero se pega un atracón de materia estelar y escupe los potentes estallidos de rayos X.
Es la primera vez que se observa algo así en un agujero negro cercano y de pequeño tamaño, los más violentos. Los científicos creen que pueden utilizar estos cuerpos como análogos de los agujeros supermasivos para estudiar sus efectos en la evolución de galaxias distantes. El equipo ha captado ya otros cuatro eventos similares con el instrumento a bordo de la ISS, según Phil Uttley, coautor del estudio. “Estamos a punto de conseguir descubrimientos rompedores”, asegura.

¿QUÉ HAY DENTRO DE UN AGUJERO NEGRO?

En el universo hay dos grandes clases de agujeros negros. “Los de masa estelar tienen el tamaño de una ciudad y masas de hasta 10 soles y nacen de explosiones de estrellas enormes”, escribe Daryl Haggard, del Instituto del Espacio de la Universidad McGill, en Canadá, en un comentario publicado por Nature. “Los agujeros supermasivos tienen el tamaño del sistema solar, concentran millones o miles de millones de veces la masa del Sol y residen en el centro de las galaxias”. Lo que aún es imposible saber es qué sucede con lo que cae en un agujero. “Según la teoría de la relatividad de Einstein ninguna información puede escapar del interior de un agujero negro, porque para ello tendría que viajar más rápido que la luz [y la relatividad deja claro que nada puede ser más rápido que la luz]”, explica Teo Muñoz Darias, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Solo gracias a nuevas teorías aún por demostrar como la gravedad cuántica se podría comenzar a responder esta pregunta.

Captada una señal de ondas gravitacionales nunca vista

  Los detectores LIGO y Virgo captan dos choques de agujeros negros contra estrellas de neutrones, los astros más densos del universo. Dos d...