El astrofísico afirmaba que el futuro de la humanidad a largo plazo pasaba por salir de la Tierra
Stephen Hawkingha fallecido esta madrugada a los 76 años dejando huérfana a la ciencia moderna de uno de sus grandes cerebros. Él fue el autor de buena parte de los descubrimientos de la astrofísica moderna como son la nueva teoría del espacio-tiempo o la radiación de los agujeros negros.
Decían de Hawking que tenía una mente maravillosa atrapada en un cuerpo discapacitado. Su enfermedad neurodegenerativa progresiva le condenó a estar postrado en una silla especial para él. En 1985 perdió la voz y desde entonces se comunica a través de un sintetizador de voz. Gracias a este ordenador pudo seguir ofreciendo conferencias y divulgando sus conocimientos. Creía que el futuro de la humanidad estaba en el espacio y sus augurios eran un tanto catastróficos.
Hawking deja para la historia infinidad de frases célebres, aquí os ofrecemos una breve selección
- “No le tengo miedo a la muerte, pero yo no tengo prisa en morir. Tengo tantas cosas que quiero hacer antes”.
- “Si los extraterrestres nos visitaran, ocurriría lo mismo que cuando Cristóbal Colón desembarcó en América y nada salió bien para los nativos americanos.
- “Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, siguen mirando a ambos lados antes de cruzar la calle”.
- “La inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios”.
- “Los robots podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos”.
- “La humanidad tiene un margen de mil años antes de autodestruirse a manos de sus avances científicos y tecnológicos”.
- “Para sobrevivir como especie, a la larga debemos viajar hacia las estrellas, y hoy nos comprometemos con el próximo gran avance del hombre en el cosmos”.
- “La próxima vez que hablen con alguien que niegue la existencia del cambio climático, díganle que haga un viaje a Venus. Yo me haré cargo de los gastos”.
- “Einstein se equivocaba cuando decía que ‘Dios no juega a los dados con el universo’. Considerando las hipótesis de los agujeros negros, Dios no solo juega a los dados con el universo: a veces los arroja donde no podemos verlos”.
- “La vida sería trágica si no fuera graciosa”.
- “El peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento”.
- “La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir”.
- “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos. No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo”.
- “La voz que utilizo es la de un antiguo sintetizador hecho en 1986. Aún lo mantengo debido a que todavía no escucho alguna voz que me guste más y porque a estas alturas ya me identifico con ella”.
- “Solo somos una raza de primates en un planeta menor de una estrella ordinaria, pero podemos entender el universo”.
El científico británico exploró el corazón de los agujeros negros e hizo contribuciones importantes para unificar la teoría cuántica y la relatividad
Stephen Hawking en su despacho de la Universidad de Cambridge en 2011.SARAH LEEAFP
En sus memorias, Breve historia de mi vida, Stephen Hawking recuerda que pasados sus años de estudiante tuvo que elegir un campo de estudio en el que ganarse la vida como científico. En la universidad había sido un estudiante vago, malísimo en matemáticas, pero también convencido de que las personas más listas de su generación se dedicaban a la física. Finalmente, escogió la física teórica porque en ella podía hacerse un nombre con una idea gestada “en una tarde, o antes de irse a dormir”, escribió con sorna.
Las dos grandes contribuciones científicas de Hawking tienen que ver con los agujeros negros. La teoría general de la relatividad de Einstein predice la existencia de estos objetos formados a partir de estrellas colapsadas que concentran tanta masa, densidad y presión que nada, ni siquiera la luz, puede escapar a su empuje gravitatorio y es engullida para siempre. En 1974 Hawking propuso que los agujeros negros no son tan negros después de todo, pues emiten radiación en forma de calor. Al final sí hay cosas que pueden escapar a un agujero negro, concretamente lo que pasó a llamarse radiación Hawking. Eventualmente todos los agujeros negros acaban desintegrándose en una gran explosión, pero normalmente los objetos de este tipo son tan grandes que tardarían en desaparecer más de 13.700 millones de años, la edad del universo. La teoría de la radiación Hawking se centraba en agujeros mucho más pequeños formados a partir de fluctuaciones en los orígenes del universo. Estos sí pudieron desintegrarse “produciendo tanta energía como un millón de bombas atómicas”, escribió el científico.
Lo más importante es que este fenómeno se debía a efectos cuánticos, con lo que conectaba las teorías de lo muy pequeño con las leyes de Einstein que sirven para describir el universo a grandes escalas. La unificación de esas dos teorías es el gran problema de la física que Hawking quiso resolver y no pudo.
A pesar de todas sus limitaciones —su dolencia solo le permitía escribir tres palabras por minuto— Hawking consiguió convertirse en una autoridad respetada en su campo
La radiación de Hawking nunca ha sido observada y, más de 40 años después, su posible detección es un asunto que enfrenta a los expertos. “Desde el punto de vista teórico su propuesta es muy robusta, aunque probablemente nunca se pueda confirmar, debido a que esos agujeros negros no sobrevivieron a los comienzos del universo”, opina el cosmólogo Viatcheslav Mukhanov
Lo que sí se ha podido probar es otra predicción que Hawking hizo en 1982 de forma independiente al equipo de Mukhanov y Gennady Chibisov. Los físicos propusieron que el origen de las galaxias está en pequeñas fluctuaciones cuánticas, semillas microscópicas de las que floreció la estructura macroscópica del universo. En 2013, el satélite Planck realizó el mapa más detallado del fondo cósmico de microondas, la radiación más antigua del universo. En sus imágenes se apreciaban pequeñas diferencias de temperatura cuya explicación más plausible eran las fluctuaciones cuánticas predichas por Hawking y sus colegas rusos, un descubrimiento por el que Hawking y Mukhanov recibieron el premio Fronteras del Conocimiento BBVA en 2016.
“Es impresionante que estos trabajos teóricos han tenido o están teniendo verificación experimental”, opina Luis Álvarez-Gaumé, cosmólogo del laboratorio europeo de física de partículas CERN. “La parte cosmológica con satélites como Planck y WMAP, y la parte de agujeros negros gracias a la detección de fusiones de agujeros negros a través de ondas gravitacionales. Ambas verificaciones hubiesen merecido un premio Nobel”, asegura.
A pesar de todas sus limitaciones —su dolencia solo le permitía escribir tres palabras por minuto— Hawking consiguió convertirse en una autoridad respetada en su campo, además de llegar a ser el científico más famoso del mundo. “Tenía una capacidad increíble para crear y ordenar las ideas en su cabeza. Después trabajaba con estudiantes y colegas que escribían una fórmula en la pizarra, él la miraba, decía si estaba de acuerdo y les contaba qué había que hacer después”, recuerda el astrónomo Martin Rees. Rees conoció a Hawking en Cambridge cuando era un estudiante dos años mayor que él y ya tenía dificultades para mantener el equilibrio y hablar. “Pensaban que ni siquiera viviría lo suficiente como para terminar la tesis, pero asombrosamente ha vivido hasta los 76 años”, ha recordado el astrónomo en declaraciones a Science Media Centre.
Hawking siguió haciendo ciencia y publicando estudios hasta hace pocos meses. En uno de sus trabajos recientes revisaba las teorías sobre el horizonte de sucesos de los agujeros negros, el punto de no retorno más allá del cual nada puede escapar. El físico aseguró que los agujeros negros no existen, en el sentido de que, en contra de lo que se pensó durante décadas, sí hay cosas que pueden escapar al horizonte de sucesos.
Hawking contaba que poco después de que le diagnosticaran su enfermedad, a los 21 años, ingresado en un hospital, vio morir a un joven de leucemia en la cama de al lado. “Siempre que cometo la tentación de compadecerme a mí mismo recuerdo a ese chico”, escribió.
Entrevista a Stephen Hawking.
(Imagen: CARLOS GARCÍA POZO / Edición: NACHO MORENO)
Stephen Hawking (Oxford, 1942) ya no puede mover ni un dedo. La
devastadora enfermedad que empezó a corroer su sistema nervioso, cuando
sólo tenía 21 años, ni siquiera le permite manejar el ratón que usaba
antes para seleccionar palabras en su ordenador y transmitirlas a través
de un sintetizador de voz. Los músculos de su rostro se han convertido
en las últimas herramientas corporales que le quedan para comunicarse, activando con la mejilla derecha un sensor acoplado sobre sus gafas.Gracias a esta impresionante tecnología diseñada especialmente para
él, Hawking logra mover un cursor en una pantalla y activar así la
legendaria voz robótica que habla en su nombre con acento americano.
Pero pese al esfuerzo titánico que debe afrontar para compartir sus
ideas, ha concedido una entrevista exclusiva para los lectores de EL
MUNDO.Cuando aparece sobre su silla de ruedas en el hotel de Tenerife donde
tiene lugar nuestro encuentro, nos conquista nada más llegar, esbozando
una entrañable sonrisa con esos pocos músculos de la cara que todavía
le sirven para expresar pensamientos y emociones. Como los médicos ya no
le permiten volar, Hawking ha viajado hasta la isla canaria en un
crucero de seis días para presentar esta semana su visión del cosmos en
el Festival Starmus, un congreso concebido para divulgar los hallazgos de la astronomía a toda la sociedad.De repente, me encuentro ante uno de los cerebros más brillantes del
último siglo, a punto de realizar la entrevista con la que siempre he
soñado. Pero cuando llega el momento de la verdad, me quedo tan
impactado que no sé muy bien ni cómo debo saludarle. Una de sus cinco
enfermeras, Nikky O'Brien, se da cuenta de mis titubeos y resuelve mis
dudas de inmediato, cogiendo la mano de Hawking y acercándola a la mía,
para que pueda estrechársela.
Un 'gourmet' en Canarias
Tras agradecerle al científico más famoso y admirado del planeta el
inmenso privilegio de habernos concedido una entrevista exclusiva, le
enseño el maravilloso retrato de Ricardo Martínez que le hemos traído
como regalo, y también el espectacular set que hemos preparado
para hacerle fotos, ante un lienzo de constelaciones y galaxias pintado
por otro de nuestros dibujantes, Ulises Culebro.
«Espero que le guste. Si le parece bien, nos gustaría en primer lugar
fotografiarle con este fondo cósmico», le explico. Su respuesta
afirmativa, que tarda aproximadamente medio minuto llegar, es la primera palabra que nos transmite a través de los movimientos de sus mejillas: «Yes».
La enfermera O'Brien, permanentemente pendiente de cada mínimo gesto de
Hawking, empieza a peinarle con ímpetu y nos confirma la aprobación del
astrofísico: «Adelante, no hay problema, le ha gustado mucho todo lo
que habéis montado».
Mientras Hawking posa como un profesional para la sesión de fotos, levantando los ojos para mirar a la cámara y regalándonos sus mejores sonrisas,
le pregunto a Nikky O' Brien si el profesor está disfrutando de su
visita a Canarias. «¡Desde luego! Incluso ya ha probado las papas con
mojo picón y le encantan», me asegura. A pesar de que su movilidad es
cada vez más reducida, Hawking todavía puede masticar bien la comida y
es un auténtico gourmet.
Teniendo en cuenta la importancia crucial del sofisticado sistema
informático que utiliza el astrofísico para comunicarse, le pregunto a
la enfermera de Hawking si entre su equipo de cuidadores hay alguien con
conocimientos de informática, por si surge algún problema con su
ordenador o el sintetizador de voz. «Pues la verdad es que no, y el ordenador se queda colgado de vez en cuando»,
me confiesa O'Brien. Sin embargo, si se produce una incidencia
importante, la enfermera nos explica que un informático de Cambridge
siempre puede entrar en el ordenador de Hawking mediante una conexión
remota y resolver cualquier problema.
Tres palabras por minuto
(Imagen: CARLOS GARCÍA POZO / Edición: NACHO MORENO)
Con el sofisticado mecanismo que activa mediante el movimiento de sus
mejillas, Hawking logra escribir una media de tres palabras por minuto.
Por eso, para entrevistar al astrofísico británico, es una condición imprescindible enviarle las preguntas con antelación.
De lo contrario, el diálogo se extendería durante muchas horas, e
incluso días. En nuestro caso, le enviamos por correo electrónico un
cuestionario de 10 preguntas a finales de agosto, tres semanas antes de
que nos reuniéramos con él en Tenerife el pasado jueves.
Cuando termina la sesión de fotos, que Hawking ha soportado sin una
sola queja, me acerco a él y le pregunto si podemos empezar nuestro
diálogo. De inmediato, empieza a mover el cursor en la pantalla de su
ordenador a través del sensor acoplado a sus gafas, y veo que lo coloca sobre un documento de Word en su escritorio que ha llamado «EL MONDO».
Me hace gracia la pequeña errata en el nombre de nuestro periódico, y
sobre todo me emociona la idea de que el infatigable explorador del
cosmos haya dedicado unas cuantas horas de su tiempo a contestar a las
preguntas que le hicimos llegar por e-mail.
Le pregunto en primer lugar si sigue creyendo, como dijo en el libro
que le hizo mundialmente famoso, Historia del Tiempo, que algún día
lograremos una «Teoría del Todo» para comprender las leyes que gobiernan
el Universo, o si hay aspectos de la realidad en las que nunca podrá
penetrar la mente humana. Su respuesta refleja una inquebrantable fe en el poder de la ciencia para desentrañar los misterios del cosmos:
«Creo que sí conseguiremos entender el origen y la estructura del
Universo. De hecho, ahora mismo ya estamos cerca de lograr este
objetivo. En mi opinión, no hay ningún aspecto de la realidad fuera del
alcance de la mente humana».
Ciencia 'versus' religión
En mi segunda pregunta, le pido que me aclare su postura sobre Dios y
la religión, que ha generado un intenso debate entre sus lectores. Por
un lado, al final de Historia del Tiempo, escribió que si algún día lográramos esa «Teoría del Todo», conoceríamos «la mente de Dios». Pero posteriormente en su polémico libro El gran diseño, afirmó que el Universo puede crearse «de la nada, por generación espontánea», y que la idea de de Dios «no es necesaria» para explicar su origen. Le pregunto, ante esta aparente contradicción, si cambió su opinión en este terreno, y si se considera agnóstico o ateo.
Su rotunda respuesta deja muy claro que aunque muchos han llegado a
calificar como «un milagro» el hecho de que Hawking siga vivo, medio
siglo después de que se le diagnosticara una enfermedad cuya esperanza
de vida suele ser de un par de años, el astrofísico rechaza de plano
todas las creencias religiosas: «En el pasado, antes de que
entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente.
Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos 'la mente de Dios' era
que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso
existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los
milagros, pero éstos no son compatibles con la ciencia».
Antes de poder responder a cada pregunta, Hawking va seleccionando
frases del archivo donde ha dejado preparadas sus respuestas y las
vuelca en un programa llamado Speaker, que convierte textos escritos en frases que emite su sintetizador. El software
que produce la famosa voz de Hawking es de los años 80, la época de la
traqueotomía a la que tuvo que someterse le dejó definitivamente sin
habla. En realidad, hoy existen programas más avanzados que suenan mucho
menos robóticos, pero Hawking lleva ya tantos años utilizando esta voz,
que se identifica plenamente con ella y no tiene ninguna intención de
cambiarla.
En una ocasión incluso le preguntaron si no preferiría instalarse un sintetizador con un acento british,
que se parecería mucho más a la voz original de un nativo de Oxford
como él. Pero Hawking respondió con su inconfundible sentido del humor,
que sin duda le ha ayudado a soportar tantos años una enfermedad tan
cruel: «con el acento americano, tengo mucho más éxito con las mujeres».
La conquista de otros planetas
Tras dialogar sobre la religión, pasamos de lo divino a lo humano y
le pregunto si cree que sigue mereciendo la pena invertir millones en
enviar misiones con astronautas al espacio, o si le parece un
despilfarro, como opinan muchos de sus colegas científicos. El
astrofísico tiene muy claro que la conquista del cosmos debe continuar,
no sólo porque «la exploración espacial ha impulsado y continuará
impulsando grandes avances científicos y tecnológicos», sino porque
puede representar un seguro de vida para la futura supervivencia de
nuestra especie: «Podría evitar la desaparición de la Humanidad gracias a
la colonización de otros planetas».
Tampoco puedo desaprovechar la incomparable oportunidad de poder
dialogar en España con Hawking, para preguntarle sobre los recortes que
ha sufrido el campo de la investigación científica en nuestro país en
los últimos años. «¿Qué mensaje le mandaría al presidente del Gobierno
español si le tuviera delante, sobre la importancia de invertir en
ciencia?». El astrofísico, una vez más, demuestra que no se anda con
medias tintas. Éste es su recado para Mariano Rajoy y toda la clase
política de nuestro país: «España necesita licenciados con formación científica para garantizar su desarrollo económico. No se puede animar a los jóvenes a estudiar carreras científicas con recortes en el campo de la investigación».
El tiempo se nos acaba y la enfermera O'Brien empieza a hacerme la
señal de la guillotina, pero veo en la pantalla de Hawking que aún tiene
una respuesta más a una pregunta que le hice sobre cómo le gustaría que
le recordaran las futuras generaciones. «Espero que se me recuerde por mi trabajo en el campo de la cosmología y los agujeros negros», me contesta antes de que empiecen a llevárselo sus enfermeras.
Me llama la atención que no dice absolutamente nada sobre el extraordinario ejemplo que ha dado con su vida, al demostrar hasta dónde puede llegar la capacidad de superación del ser humano ante la adversidad más cruel.
Y mientras desaparece por los pasillos del hotel, me acuerdo de una de
sus sentencias más inolvidables: «La Humanidad es tan insignificante si
la comparamos con el Universo, que el hecho de ser un minusválido no
tiene mucha importancia cósmica».
PABLO JÁUREGUI Enviado especial Guía de Isora (Tenerife)