Se han utilizado metáforas de todo tipo para explicar el
bosón de
Higgs. La imagen de Margaret Thatcher atravesando la Cámara de los Lores
como si una partícula cruzase el campo de Higgs usada por el profesor David
Miller; el clásico ejemplo de una pelota de ping pong y otra de tenis rodando
sobre una cubeta con arena de playa y tantos otros... pero no es sencillo para
el gran público entender las implicaciones del último gran descubrimiento de la
Física realizado en el LHC de Ginebra. En la biografía de Richard Feynman
escrita por James Gleick -'Genius, the life and science of Richard Feynman'
(Vintage books)- el autor cuenta la respuesta que
el genio y ganador del
Premio Nobel de Física en 1965 le dio a un reportero cuando le pidió
que explicase en 30 segundos la importancia de sus investigaciones merecedoras
del galardón de la Academia Sueca. Feynman respondió que, si eso fuese posible,
su trabajo no tendría mérito.
Y, según relata el físico de partículas de la Universidad de Oxford Frank
Close en su obra 'The infinity puzzle' (Oxford University Press) , él mismo
utilizó ese mismo ejemplo en 1993 para sugerirle por carta al entonces ministro
de Ciencia de Reino Unido, Hon William Waldegrave, que no es sencillo explicar
«las más profundas ideas en las fronteras del conocimiento científico en una
única cara de un folio din A4». Como incentivo, el ministro ofreció una botella
de champán añejo a aquel científico que ofreciese la mejor explicación sobre el
objetivo y la utilidad que tendría el LHC. «Como respuesta yo podría lanzarle un
reto similar relacionado con el Tratado de Maastricht», terminaba la misiva del
profesor Close.
Finalmente, tanto el ministro como el Gobierno británico terminaron
convenciéndose de
la conveniencia de aportar la financiación necesaria
para poner en marcha el LHC gracias a la zanahoria que suponía el hecho
de que Peter Higgs fuese británico y, por tanto, que si se encontraba la
escurridiza partícula que lleva su nombre, le conduciría de forma inequívoca
hacia el Premio Nobel, tal y como ocurrió en 2013, un año después del hallazgo
del bosón de Higgs en el LHC.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) del
Laboratorio Europeo de Partículas (CERN) de Ginebra comenzará en pocas semanas
-a lo largo del mes de marzo- a inyectar de nuevo, tras más de dos años de
parón, los primeros protones en el anillo subterráneo de 27 kilómetros. La
parada fue programada para aumentar la energía del acelerador hasta casi el
doble -de 7 TeV a 13 TeV- de la que permitió realizar el descubrimiento del
bosón de Higgs que le valió el
Premio
Príncipe de Asturias al CERN junto con Peter Higgs y Francois Englert y el
Nobel
a estos dos últimos.
Un técnico en el LHC durante la parada para
aumentar de energía. CERN
Algo parecido a lo que contaba el profesor Close en su carta le ocurre a la
mayoría de los científicos cuando se les pregunta qué nos espera en esta nueva
era de la Física de partículas que se inicia en 2015. No es fácil explicar lo
que se podría descubrir tras el aumento de energía porque nos abrirá las puertas
hacia lo desconocido, hacia una nueva Física.
«Si todo esto sale bien, habremos cumplido el cometido los gestores de la
máquina subiendo la energía hasta 13 TeV y podremos empezar a producir física»,
explica a este diario
Rolf
Heuer, director general del CERN hasta que le sustituya la ya nombrada
Fabiola Gianotti en enero de 2016. «¿Qué puede salir de ahí? No lo sé», confiesa
Heuer.
Quizá el primer descubrimiento que se espera realizar tiene mucho que ver con
la anterior época del LHC y es que se podrá avanzar en la descripción del bosón
de Higgs para saber si definitivamente se trata del bosón de Higgs que
completaría el Modelo Estándar que rige la Física actual o de otro que podría
apoyar teorías que predicen la existencia de varios bosones de Higgs, como la
Supersimetría, por ejemplo. «Esta nueva partícula puede que esconda muchas
puertas cerradas que pueden ser abiertas hacia una nueva Física, a una mejor
comprensión del Modelo Estándar... pero también más allá del Modelo Estándar»,
asegura Rolf Heuer.
El solo hecho de esclarecer si la partícula hallada en junio de 2012 y
anunciada a bombo y platillo como la última pieza que faltaba para completar el
modelo que describe los pilares que soportan el edificio del Universo es
ya
un hallazgo clave para la comunidad física. «Antes el
objetivo estaba muy claro: encontrar el bosón de Higgs o demostrar que no
existía. Ahora está menos claro lo que se puede descubrir en el futuro. Pero
siempre que hemos aumentado la energía lo suficiente hemos encontrado una
sorpresa», opina Álvaro de Rújula, físico teórico del CERN y del Instituto de
Física Teórica del CSIC y la Universidad Autónoma. «Aunque no es obvio que
duplicar la energía sea esta vez suficiente para encontrar algo nuevo, saber que
no lo es también sería una novedad importante. Se hace camino al andar», asegura
el investigador.
Un descubrimiento muy rápido
El bosón de Higgs era el objetivo científico principal que hizo posible la
cooperación internacional para la construcción de un gran acelerador de
partículas como el LHC. Y el hecho de que el hallazgo de la partícula predicha
por Peter Higgs, junto con otros cinco físicos entre los que estaba Englert, se
produjo a una velocidad enorme, apenas
cuatro años después de la puesta
en marcha de la máquina. La gran sacudida mediática que supuso el
hallazgo del bosón ha situado al LHC en el punto de mira no sólo de la comunidad
científica, sino también del gran público. Pero, según los expertos, los
próximos descubrimientos no se producirán tan rápido. Habrá que ser pacientes.
«El aumento de energía nos dirá muchas cosas sobre lo que hay más allá del
Modelo Estándar. Pero no lo hará el año próximo ni en 2016 y probablemente
tampoco 2017. Lo hará más tarde», afirma Heuer.
No obstante, y aunque apenas ningún físico sea capaz de aventurar lo que se
encontrará en la próxima ronda de colisiones de protones, las ventanas que se
abren ante la ciencia en 2015 son muy atractivas. «Podemos avanzar en el
conocimiento de la masa oscura, decir algo más concreto es arriesgado», dice De
Rújula. Pero la simple posibilidad de avanzar en el conocimiento de
la
materia que forma el 25% del Universo -la materia que conocemos y que
forma la Tierra, las estrellas o a nosotros mismos supone tan
sólo el 5%- ya es decir mucho.
El propio director del CERN asegura que funcionar a una energía mayor aumenta
el potencial de hacer un descubrimiento y de encontrar nuevas partículas más
pesadas que las que se producían cuando la máquina tenía 7 u 8 TeV. «Y eso sería
genial. Porque cada nueva partícula que descubramos, puede abrir la puerta hacia
el Universo oscuro», explica Rolf Heuer. Sin embargo, el LHC no tiene la
exclusividad de la Física del futuro. «Es bien posible que encontremos la
materia oscura en un laboratorio subterráneo en lugar de en el LHC», dice De
Rújula.
Otro de los grandes enigmas del Cosmos más desconocido es la llamada energía
oscura, que forma el 70% restante y de la que los físicos apenas conocen ni su
naturaleza. Pero, a pesar de que lo oscuro supone el 95% del Universo, la Física
aún no puede explicar ni siquiera qué compone esta enigmática materia, y mucho
menos qué hay detrás de la energía oscura. «Estoy convencido de que
no
permitirá conocer más de la energía oscura, pero espero equivocarme. La
naturaleza de la energía oscura es lo que más oscuro tenemos», asegura Álvaro de
Rújula.
En 2015, arranca una nueva era para la Física que dejará en casi un juego de
niños las teorías del Universo que podemos explicar en la actualidad. «Los
modelos que conocemos son los modelos fáciles, los que yo puedo entender. Pero
los que hay en lo desconocido son mucho más difíciles, más complicados de
entender para mí», reconoce el director del CERN, Rolf Heuer.
Fuente:
http://www.elmundo.es/ciencia/