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martes, 16 de julio de 2019

De un Universo casi perfecto a lo mejor de dos mundos




Sucedió el 21 de marzo de 2013. La prensa científica de todo el mundo se había congregado en la sede parisina de la ESA o se había conectado online, junto a una multitud de científicos, para presenciar el momento en que la misión Planck de la ESA revelaría su ‘imagen’ del cosmos. Una imagen capturada no en luz visible, sino en microondas.

Mientras que la luz que nuestros ojos puede ver está compuesta por pequeñas longitudes de onda, de menos de una milésima de milímetro, la radiación que estaba detectando Planck abarcaba longitudes algo mayores, de unas décimas de milímetro a varios milímetros. Y sobre todo, se había generado en los albores del Universo.

Esta radiación se conoce colectivamente como fondo cósmico de microondas. Al medir sus minúsculas diferencias a lo largo del firmamento, la imagen de Planck era capaz de hablarnos sobre la edad, la expansión, la historia y el contenido del Universo. Nada más y nada menos que un primer plano cósmico.

Los astrónomos sabían lo que buscaban. Dos misiones de la NASA, COBE a principios de los noventa y WMAP durante la década siguiente, ya habían llevado a cabo una serie de estudios análogos del firmamento que proporcionaron imágenes similares. Pero carecían de la precisión y la nitidez de Planck.

La nueva vista mostraría la impronta del Universo temprano con un detalle sin precedentes. Y había mucho en juego.

Si nuestro modelo del Universo era correcto, Planck lo confirmaría con unos niveles de precisión inauditos. Si el modelo estaba equivocado, Planck mandaría a los científicos de vuelta a la mesa de dibujo.     
            
Una vez revelada la imagen, los datos confirmaron el modelo. Respondía con tal precisión a las expectativas que no cabía extraer otra conclusión: Planck nos mostraba un ‘universo casi perfecto’. Pero ¿por qué ‘casi’? Porque quedaban algunas anomalías, que se convertirían en el objetivo de la investigación futura.

Ahora, cinco años después, el Consorcio Planck acaba de publicar los datos definitivos del legado de Planck. El mensaje de la misión es el mismo, e incluso se ve reforzado.

“Se trata del legado más importante de Planck —señala Jan Tauber, científico del proyecto Planck de la ESA—. Hasta el momento, el modelo cosmológico estándar ha superado todas las pruebas y Planck ha efectuado las mediciones que lo demuestran”.

Todos los modelos de cosmología se basan en la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. Para reconciliar las ecuaciones de la relatividad general con un amplio abanico de observaciones, incluidas las de la radiación cósmica de fondo, el modelo estándar incorpora la acción de dos componentes desconocidos.

En primer lugar, un componente de materia atractivo, denominado materia oscura fría y que, a diferencia la materia común, no interactúa con la luz. En segundo lugar, una forma repulsiva de energía, conocida como energía oscura, que promueve la actual expansión acelerada del Universo. Se ha descubierto que son componentes esenciales para explicar nuestro cosmos junto a la materia común conocida. Pero por el momento no sabemos qué son exactamente estos componentes exóticos.

Planck se lanzó en 2009 y recopiló datos hasta 2013. El primer lanzamiento de datos, que mostraba el Universo casi perfecto, tuvo lugar en la primavera de ese año. Se basaban únicamente en la temperatura de la radiación cósmica de fondo y solo empleaba los dos primeros estudios del firmamento de la misión.

Los datos también presentaban pruebas adicionales de una fase muy temprana de expansión acelerada, denominada inflación, en la primera minúscula fracción de un segundo en la historia del Universo, durante la cual surgió el germen de todas las estructuras cósmicas. Al proporcionar una medida cuantitativa de la distribución relativa de estas fluctuaciones primigenias, Planck ofreció la confirmación más clara jamás obtenida del escenario inflacionario.

Además de cartografiar la temperatura del fondo cósmico de microondas a lo largo de firmamento con una precisión sin precedentes, Planck también midió su polarización, que indica si la luz vibra en una dirección preferente. La polarización de la radiación cósmica de fondo ofrece una huella de la última interacción entre la radiación y las partículas de materia del Universo temprano, y como tal contiene información adicional y fundamental sobre la historia del cosmos. Además, también contiene información sobre los primeros instantes del Universo y nos proporciona claves para comprender su nacimiento.

En 2015, un segundo lanzamiento de datos recogía todos los datos recopilados durante la misión, que abarcaba ocho estudios del firmamento. Incluía la temperatura y la polarización, pero venía con una advertencia.

“Sabíamos que la calidad de algunos de los datos de polarización no era suficiente para utilizarse en cosmología”, reconoce Jan. Y añade que, por supuesto, eso no les impidió seguir adelante, aunque ciertas conclusiones extraídas en ese momento precisarían de confirmación y, por lo tanto, deberían tratarse con cautela.

Y ese es el gran cambio que aporta este lanzamiento de datos de 2018. El Consorcio Planck los ha procesado de nuevo. La mayoría de señales tempranas que exigían precaución han desaparecido. Los científicos ahora están seguros de que tanto la temperatura como la polarización se han determinado de forma precisa.

“Estamos convencidos de que podemos obtener un modelo cosmológico basado únicamente en la temperatura, únicamente en la polarización o basado en ambas magnitudes. Y todos coinciden”, explica Reno Mandolesi, principal investigador del instrumento LFI de Planck en la Universidad de Ferrara (Italia).

“Desde 2015, otros experimentos han ido recopilando más datos astrofísicos y se han llevado a cabo nuevos análisis cosmológicos, combinando observaciones de la radiación cósmica de fondo a pequeñas escalas con observaciones de galaxias, cúmulos galácticos y supernovas, que en la mayoría de casos han mejorado la coherencia con los datos de Planck y el modelo cosmológico que respalda”, añade Jean-Loup Puget, principal investigador del instrumento HFI de Planck en el Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay (Francia).

Se trata de toda una proeza e implica que los cosmólogos pueden estar seguros de que su descripción del Universo, con materia común, materia oscura fría y energía oscura, y poblado por estructuras surgidas durante una fase temprana de expansión inflacionaria, es correcto en su mayor parte.

Aún quedan por explicar algunas anomalías, o tensiones, como las llaman los cosmólogos. Una en concreto tiene que ver con la expansión del Universo. Su velocidad viene dada por la denominada constante de Hubble.

Para obtener esta constante, los astrónomos normalmente tenían que observar distancias a lo largo del cosmos y se veían limitados a hacerlo en el Universo más cercano, midiendo el brillo aparente de determinados tipos de estrellas variables y estrellas en explosión, cuyo brillo real se puede estimar de forma independiente. Se trata de una técnica ampliamente probada y desarrollada a lo largo del último siglo, descubierta por Henrietta Leavitt y aplicada posteriormente, a finales de los años veinte, por Edwin Hubble y sus colaboradores, que utilizaron estrellas variables en galaxias distantes y otras observaciones para revelar que el Universo se estaba expandiendo.

El valor que los astrónomos derivan de la constante de Hubble empleando una gran variedad de observaciones punteras, incluidas algunas del telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA  (que debe su nombre a este científico pionero), y más recientemente a la misión Gaia de la ESA, es de 73,5 km/s/Mpc, con una incertidumbre de tan solo un dos por ciento. Estas unidades indican la velocidad de la expansión en km/s por cada millón de pársecs (Mpc) de separación en el espacio, donde un pársec equivale a 3,26 años luz.

Una segunda forma de calcular la constante de Hubble es usar el modelo cosmológico coherente con la imagen del fondo cósmico de microondas, que representa un Universo muy joven, y calcular una predicción de cuál sería la constante hoy. Al aplicarse a los datos de Planck, este método nos da un valor menor, de 67,4 km/s/Mpc, con una mínima incertidumbre, inferior al uno por ciento.

Por un lado, resulta extraordinario que dos formas tan distintas de derivar la constante de Hubble (una empleando el Universo local y maduro, y la otra basada en el Universo distante y temprano) ofrezcan resultados tan cercanos. Por otro, en principio estas dos cifras deberían coincidir dentro de sus respectivas incertidumbres. Esta es la tensión, y la pregunta es ¿cómo reconciliarlas?

De ambos lados existe el convencimiento de que los errores que podrían quedar en sus métodos de medida son demasiado pequeños como para provocar esta discrepancia. Así que, ¿quizá nuestro entorno cósmico local tiene alguna peculiaridad que haga que la medición cercana presente una leve anomalía? Por ejemplo, sabemos que nuestra Galaxia se halla en una región más bien poco densa del Universo, lo que podría afectar al valor local de la constante de Hubble.

“No hay una única solución astrofísica satisfactoria que pueda explicar esta discrepancia. Así que puede que exista una nueva física aún por descubrir”, apunta Marco Bersanelli, investigador principal adjunto del instrumento LFI en la Universidad de Milán (Italia).

Como ‘nueva física’ se entiende que una serie de partículas o fuerzas exóticas podrían influir en los resultados. Sin embargo, por muy emocionante que suene, los resultados de Planck limitan enormemente esta posibilidad, ya que encaja a la perfección en la mayoría de observaciones.

“Es muy difícil añadir una nueva física que resuelva la tensión, pero que a la vez conserve la descripción precisa del modelo estándar, en la que ya encaja todo lo demás”, señala François Bouchet, investigador principal adjunto del instrumento HFI en el Instituto de Astrofísica de París.

Así pues, nadie ha sido capaz de aportar una explicación satisfactoria para las diferencias entre las dos mediciones, y la cuestión sigue sin resolverse.

“Por el momento, no deberíamos hacernos demasiadas ilusiones con encontrar una nueva física: la discrepancia relativamente menor quizá podría explicarse por una combinación de pequeños errores y efectos locales. Pero tenemos que seguir mejorando nuestras mediciones y pensando en formas mejores de explicarla”, advierte Jan.

Este es el legado de Planck: con su Universo casi perfecto, la misión ha confirmado a los investigadores sus modelos, salvo por un par de detalles que habrá que resolver. En otras palabras: lo mejor de dos mundos.


domingo, 9 de marzo de 2014

4.000 millones de años luz, la mayor estructura de todo el Universo


4.000 millones de años luz, la mayor estructura de todo el Universo

Roger Clowes. Fragmento del Gran Grupo de Cuásares localizado por Roger Clowes y su equipo


Es tan gigantesco que llega incluso a desafiar el Principio Cosmológico, una de las principales hipótesis de la Astronomía.
La que es sin duda la mayor estructura del Universo acaba de ser descubierta por un grupo internacional de astrónomos, dirigidos por investigadores de la Universidad de Central Lancashire (UCLan). Se trata de un LQG (Large Quasar Group o Gran Grupo de Cuásares), y es tan grande que se necesitaría viajar en una nave a la velocidad de la luz durante 4.000 millones de años para recorrerlo de punta a punta. El equipo ha publicado su hallazgo en la revista mensual de la Royal Astronomical Society.
Los cuásares son nucleos muy activos de galaxias formadas durante la juventud del Universo y que durante “breves” periodos (que duran entre 10 y 100 millones de años), se vuelven extraordinariamente brillantes, y por lo tanto visibles a enormes distancias.
Desde la década de los ochenta del pasado siglo se sabe que los cuásares tienden a agruparse en “racimos” o estructuras de gran tamaño, formando grupos que los astrónomos conocen como LGQs.
Pero el LGQ identificado por Roger Clowes y sus colegas es tan enorme que llega incluso a desafiar el Principio Cosmológico, una de las principales hipótesis de la Astronomía que afirma que si se contempla el Universo a una escala lo suficientemente grande, éste aparece igual en todas partes, sin que importe desde dónde se realice la observación. El Principio Cosmológico, del que dependen las modernas teorías sobre el Universo, es asumido como cierto aunque jamás ha podido ser demostrado “más allá de una duda razonable”.
“Aunque es difícil comprender la magnitud de este LQG -afirma Clowes-, podemos decir, definitivamente, que se trata de la estructura más grande jamás vista en todo el universo”.
Para hacerse una idea de la magnitud de esta estructura, basta pensar que la Vía Láctea, nuestra galaxia, está a unos dos millones y medio de años luz de la galaxia más próxima, Andrómeda, lo que equivale a 0,75 megaparsecs. Un megaparsec (Mpc) es igual a 3,26 millones de años luz.
Un cúmulo de galaxias como el nuestro, formado por unos veinte miembros, puede medir dos o tres Mgp, y los LQC, mucho mayores, pueden llegar a tener hasta 200 Mgp (esto es, unos 650 millones de años luz) de diámetro.
Pero para que se cumpla el Principio Cosmológico y según predicen las teorías más reconocidas, no debería de haber en todo el Universo estructuras mayores de 370 Mpc (1.200 millones de años luz). Pero el grupo de cuásares encontado por Clowes y sus colegas tiene una dimensiones mucho mayores: 1.200 megaparsecs o, lo que es lo mismo, 4.000 millones de años luz, mil seiscientas veces más que la distancia que nos separa de Andrómeda.
“Todo esto -afirma Clowes- resulta muy emocionante, y también muy importante, ya que va en contra de nuestra comprensión actual de las escalas del Universo”.
“Incluso viajando a la velocidad de la luz -prosigue el investigador- se tardarían 4.000 millones de años en cruzarla. Y esto es relevante no solo a causa de su tamaño, sino porque desafía el Principio Cosmológico, cuya validez no se discute desde los tiempos de Einstein. Nuestro equipo ha estado buscando otros casos que reafirmen nuestro hallazgo, y vamos a seguir investigando estos fenómenos tan fascinantes”.

jueves, 23 de enero de 2014

La 'telaraña' cósmica




  •  Cuenta con dos millones de años luz de tamaño


Malla de filamentos.


El desarrollo de telescopios cada vez más potentes y dotados de una gran sensibilidad viene permitiendo captar espectaculares imágenes del Universo que nos rodea y de recopilar información de sus galaxias más lejanas. Ahora, con la ayuda del telescopio Keck I situado en lo alto del volcán Mauna Kea en Hawai, se han podido captar las imágenes de una nebulosa azulada, la cual podría ser parte de la malla de filamentos que conectan unas galaxias con otras. Aunque su existencia está predicha teóricamente, esta malla no había sido observada hasta la fecha.
La nebulosa rodea al cuásar UM287, una galaxia remota cuya luminosidad es inmensa. Su composición podría servir para verificar la teorías sobre el modelo cosmológico estándar de formación de estructuras en el universo.
«La evolución de nuestro universo desde el Big Bang hasta nuestros días puede calcularse utilizando grandes ordenadores, teniendo en cuenta toda la información observacional disponible. De esta manera se predice que, a muy gran escala, las galaxias deben estar situadas en una especie de telaraña cósmica constituida por una malla de filamentos que se interconectan de manera aparentemente caótica», explica sobre la teoría el director de Rafael Bachiller director del Observatorio Astronómico Nacional.
El grupo internacional de astrónomos, dirigidos por S.Cantalupo y Xavier Prochaska de la Universidad de California en Santa Cruz (EEUU), han publicado su estudio en la revista «Nature» donde detallan que la nebulosa cuenta con dos millones de años luz de tamaño.
El autor principal, Cantalupo, muestra su sorpresa ante este nuevo descubrimiento afirmando que «se trata de un objeto muy excepcional: es enorme, por lo menos dos veces mayor que cualquier nebulosa detectada antes, y se extiende mucho más allá del entorno galáctico del cuásar», señala.
Prochaska, profesor de Astronomía y Astrofísica en la Universidad de California Santa Cruz, añade que «este cuásar ilumina gas difuso en escalas mucho más allá de cualquiera de los que hemos visto antes, lo que nos da la primera imagen de gas extendido entre las galaxias. Proporciona una visión excelente de la estructura general de nuestro universo».

Su principal componente es el hidrógeno

Gracias a la luz que emite el cuásar, cuya radiación procede principalmente de los efectos ocasionados por el agujero negro supermasivo que habita en su interior, los científicos han observado que la nebulosa de su entorno está compuesta de un gas difuso: hidrógeno, el principal componente que da lugar al nacimiento de las estrellas.

Cuásar UM287 rodeado por la nebulosa de unos 2 millones de años luz de tamaño
De hecho, en las observaciones de la nebulosa, se puede ver la luz de color violeta y azulado procedente de este gas, una vez tenida en cuenta la expansión del universo. En realidad el hidrógeno emite una radiación Lyman Alfa (ultravioleta invisible) pero, al `estirarse' las ondas por la expansión del universo, cambia al rango visible como aparece en las fotografías.
Los astrónomos, además de utilizar el telescopio Keck I se sirvieron de un instrumento especial, el espectrómetro llamado `The Low Resolution Imaging Spectrograph?. Mejor conocido por sus siglas en inglés, el LRIS permite tomar espectros e imágenes de los objetos más distantes conocidos en el Universo.
Tras la obtención de la imágenes, los autores apuntan a que la cantidad de gas contenido en la nebulosa es diez veces mayor de lo que aparece en las simulaciones del ordenador. «Creemos que puede haber más contenido en pequeños núcleos densos dentro de la red cósmica de lo que se ve en nuestros modelos», teoriza Cantalupo. Sin embargo, Rafael Bachiller apunta que deducir a partir de estas observaciones la estructura de la malla cósmica es «muy aventurado» ya que «podría tratarse de una nube intergaláctica discreta que se encuentra en las proximidades del cuásar, y no necesariamente un trozo de filamento de la malla».
Este trabajo, concluye Bachiller «ilustra la potencia con la que cuentan los mayores telescopios del mundo, como los Keck en Hawái o el Gran Telescopio de Canarias que pueden revelarnos aún muchos detalles sobre la naturaleza y evolución del universo».

Malla de filamentos. W. M. Keck Observatory



sábado, 11 de enero de 2014

Hallan las galaxias «madre» de la mayor parte de las estrellas

Fuente: http://abcblogs.abc.es/nieves/

 el ene 8, 2014

Hallan las galaxias «madre» de la mayor parte de las estrellas

The galaxy cluster Abell 2744, snapped over the course of 50 hours from 12 billion light-years away(Image: NASA, ESA, and J. Lotz, M. Mountain, A. Koekemoer, and the HFF Team (STScI))


Nunca antes vistas, son las que hicieron posible que el cielo se poblara de astros en las primeras etapas del Universo, hace más de 10.000 millones de años.
Fueron las “madres” de muchas de las estrellas que hay en el Universo. Una población entera de pequeñas galaxias primigenias sin las cuales, sencillamente, las cosas no serían como son. Se formaron durante el “baby boom”, una lejana época durante la que nació la mayoría de las estrellas que existen, y aunque se sospechaba su existencia, nunca habían podido ser vistas ni localizadas. Hasta ahora.
Un grupo de astrónomos de la Universidad de California, en efecto, ha conseguido localizar, utilizando el telescopio espacial Hubble, esa población galáctica original, la que hizo posible que el cielo se poblara de estrellas en los primeros tiempos de existencia del Universo en que vivimos.
El grupo galáctico recién localizado es el más numeroso jamás visto en el Universo remoto. Y sus miembros son las galaxias más pequeñas y oscuras de las que se tenía noticia hasta ahora. Para capturar su debil luz, los astrónomos han tenido que realizar larguiísimas exposiciones con los instrumentos del Hubble en el rango de la luz ultravioleta.
El estudio resultante, presentado ayer durante la 223 reunión de la Sociedad Astronómica Americana, que se celebra en Washington, se publicará dentro de unos días en The Astrophysical Journal.

Un «zoom» natural

Se trata de 58 jóvenes y diminutas galaxias, nacidas hace más de 10.000 millones de años, durante el apogeo del nacimiento de nuevas estrellas. Las nuevas galaxias son cien veces más numerosas que sus “primas” más masivas, pero también cien veces menos luminosas que cualquier otra galaxia detectada hasta ahora en las profundidades del espacio del Universo primitivo.
En condiciones normales, estas galaxias habrían sido demasiado débiles como para ser detectadas por el Hubble. Pero los astrónomos lograron hacer que el telescopio espacial trabajara “en equipo” junto a un “zoom” espacial natural, una lente producida por la gravedad de Abell 1689, un enorme cúmulo galáctico no demasiado alejado de nosotros.
El cúmulo es tan masivo que es capaz de magnificar la luz que recibe de las galaxias más lejanas que tiene detrás gracias a un fenómeno conocido como “lente gravitacional”, en el que la curvatura misma del espacio actúa como un gigantesco espejo de feria, que deforma la luz, haciéndola más brillante.
“Siempre ha existido preocupación por el hecho de que sólo somos capaces de ver las más brillantes entre las galaxias muy distantes -afirma Brian Siana, que ha dirigico el estudio-. Pero las galaxias brillantes, sin embargo, sólo son la punta del iceberg. Creemos que la mayoría de las estrellas que se formaron en el Universo primitivo lo hicieron en galaxias que nunca hemos podido ver. Ahora hemos localizado esas galaxias nunca vistas y creemos que lo que vemos es el resto de ese iceberg”.
El equipo de Siana cree que ha logrado completar un censo de galaxias de una época en la que el Universo apenas tenía 3.400 millones de años de vida, una fracción de su edad total. Y si la muestra de galaxias encontradas es representativa de toda la población galáctica de aquella época, entonces la mayoría de las estrellas se formaron en el interior de esas pequeñas galaxias.
“A pesar de ser poco brillantes -explica por su parte Anahita Alavi, otro de los autores principales del estudio- su gran número nos hace pensar que pudieron dar cuenta de la formación de la mayor parte de las estrellas durante aquella época”.
Para Siana, el descubrimiento de estas galaxias también ayudará a reforzar la idea de que las estrellas muy calientes en el interior de galaxias pequeñas son capaces de bombear radiación suficiente como para ionizar el hidrógeno a base de expulsar sus electrones. Este proceso, llamado “reionización”, sucedió hace unos 13.000 millones de años, durante los primeros mil millones de años del nacimiento del Universo a partir del Big Bang. Gracias a la reionización, el Universo se hizo transparente a la luz (antes atrapada en un denso caldo de partículas), lo que hace posible que ahora los astrónomos la sigan hasta su origen, al principio de los tiempos.
“A pesar de que las galaxias de nuestra muestra existieron unos pocos miles de millones de años después de la reionización -asegura Siana- es más que probable que galaxias como esas, o incluso esas mismas, jugaran un papel muy destacado en el proceso”.
Muy diferentes a las que hay a nuestro alrededor, estas galaxias primitivas no forman majestuosas espirales ni podrían catalogarse dentro de las demás familias galácticas conocidas. Para Anahita Alavi, “la lente gravitacional estira la forma aparente de las galaxias muy distantes, permitiendonos verlas. Sin la lente, la mayoría de ellas serían simples puntos para el Hubble. Ahora, sin embargo, tenemos ya una idea sobre sus formas y tamaños, algo que antes era imposible de conseguir”.

Pequeñas e irregulares

El análisis del Hubble muestra que estas galaxias primitivas son pequeñas, de apenas unos cientos de años luz de diámetro (nuestra Vía Láctea, por ejemplo, mide 50.000 años luz de punta a punta), y que tienen formas irregulares.
“Incluso cuando ya eran plenamente maduras -apunta Siana- estas galaxias tenían entre una décima y una centésima parte de la masa de nuestra Vía Láctea. Y al estar sometidas al fuego constante del nacimiento de estrellas, su luz está dominada por el brillo ultravioleta de esas estrellas”.
El tiempo en el que esas galaxias existieron es conocido como el “baby boom” de la formación estelar, un periodo que se sitúa entre hace 9.000 y 12.000 millones de años.
Utilizando las lentes gravitacionales de seis cúmulos masivos de galaxias, el Hubble está explorando ahora el Universo primitivo en busca de más pequeñas galaxias. En ellas están las respuestas a muchas de las preguntas que hoy se hacen los astrónomos, y que permitirán saber por qué las cosas son tal y como las vemos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Las 13 mejores fotos del Universo en 2013


Entre éstas hay fotos tomadas por sondas espaciales, satélites, fotógrafos aficionados y profesionales, etcétera.

Como todos los años el reconocido astrónomo Phil Plait (quien realiza divulgación científica bajo el apodo 'Bad Astronomer') realiza una selección de las mejores imágenes del Universo.

1.- Un cúmulo globular

hst_m15_920.jpg.CROP.original-original[1] (CC) NASA/ESA
Esta imagen corresponde al cúmulo globular M15 situado en la constelación de Pegaso, uno de los objetos conocidos más antiguos con 12 mil millones de años. Según Plait es sorprendente por su densidad: Unas 100.000 estrellas ocupan un espacio de unos 200 años luz de ancho.

2.- 43 noches fotografiando la galaxia Centaurus A

CentaurusA_LRGB_120hours_3215x2406-X3[1] (C) Rolf Olsen
Para tomar esta hermosa foto el astrónomo 'amateur' de Nueva Zelanda, Rolf Olsen, pasó 43 noches exponiendo durante unas 120 horas a la galaxia Centaurus A, visible solo desde el hemisferio sur, con la ayuda de su telescopio con un espejo de 25 centímetros.

3.- El polo sur marciano

(CC) ESA / G. Neukum / Bill Dunford (CC) ESA / G. Neukum / Bill Dunford

El Mars Express orbiter lleva unos diez años tomando fotografías del planeta rojo. Bill Dunford recolectó algunas de estas fotos y para crear este gran mosaico del polo sur de Marte. Lo que se ve de color rojo es casi infrarrojo, invisible a nuestros ojos pero no para la cámara de la sonda.

4.- El esplendor de la nebulosa Cabeza de Caballo

(CC) NASA, ESA, Hubble Heritage Team (CC) NASA, ESA, Hubble Heritage Team

Para conmemorar el aniversario '23 del Telescopio Espacial Hubble el pasado 24 de abril publicaron esta sorprendente imagen de una de las nebulosas más famosas debido a su peculiar forma que asemeja la cabeza de un caballo, la que está ubicada justo en el reconocible cinturón de Orion.

5.- Saturno desde arriba

(CC) NASA/JPL/Space Science Institute/Gordan Ugarkovic (CC) NASA/JPL/Space Science Institute/Gordan Ugarkovic

Gordan Ugarkovic tomó las imágenes de dominio público de la sonda Cassini para crear este mosaico de Saturno desde su polo norte, donde se puede ver la sorprendente tormenta hexagonal de 25.000 kilómetros de diámetro que tiene el planeta de los anillos en su extremo "superior".

6.- Decir adiós con estilo

(CC) NASA, ESA, Hubble Heritage Team (CC) NASA, ESA, Hubble Heritage Team

La nebulosa NGC 5189 tiene en su centro una enana blanca, que probablemente son los restos de una estrella con el doble de la masa del Sol, la que cuando se le terminó su combustible explotó liberando enormes cantidades de gas al espacio.

7.- Andrómeda en infrarrojo

(CC) ESA/Herschel/PACS & SPIRE Consortium, O. Krause, HSC, H. Lin (CC) ESA/Herschel/PACS & SPIRE Consortium, O. Krause, HSC, H. Lin

La galaxia de Andrómeda es una de las más cercanas a nuestra galaxia, la Vía Láctea, y como ésta, también tiene brazos en espiral donde se forman nuevas estrellas. La fotografía corresponde al polvo expulsado por este proceso, el que brilla (detectable solo en infrarrojo) debido a su cercanía a grandes estrellas que calientan el polvo a unos acogedores -232 °C.

8.- El año de los cometas

(C) Damian Peach (C) Damian Peach

Sin duda el 2013 fue el año de los cometas. La imagen superior corresponde a una sorprendente fotografía tomada por Damian Peach el pasado 13 de noviembre al "difunto" cometa ISON.

9.- La Tierra en el equinoccio

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Normalmente el eje de la Tierra está inclinado unos 23° respecto a su órbita en torno al Sol, excepto cuando ocurren los equinoccios que es cuando la Tierra recibe la luz del Sol de forma pareja respecto a su eje. Esta imagen corresponde a una animación creada por Vitaliy Egorov en base a las fotografías tomadas en el último equinoccio entre el 20 y el 21 de septiembre por el satélite ruso Elektro-L.

10.- Los cuernos del eclipse

(C) Teoh Hui Chieh (C) Teoh Hui Chieh

Estas imágenes corresponden a dos cuadros de un sorprendente video timelapse realizado por los fotógrafos Colin Legg y Geoff Sims en Australia el pasado diez de mayo durante un eclipse solar.

11.- Recordando E.T.

(C) Philipp Schmidli (C) Philipp Schmidli

El fotógrafo Philipp Schmidli quiso recordar en Suiza la sorprendente escena de la película "E.T. el Extra-Terreste" con una fotografía 'sin Photoshop' cuya planificación les tomó meses y numerosos intentos fallidos.

12.- China llega a la Luna

(C) CNSA, CCTV (C) CNSA, CCTV

Hace unas semanas atrás China logró ser el tercer país del mundo en lograr un alunizaje controlado (que es muy distinto y más complejo que lanzar un objeto a que estrelle con la Luna) gracias a la misión Chang'e 3 y su rover "Conejo de Jade".

13.- Las largas sombras de la Tierra

(CC) NASA (CC) NASA

La Estación Espacial Internacional tiene la maravillosa característica que gira en torno a nuestro planeta unas 18 veces al día, lo que significa atestiguar 18 amaneceres y 18 atardeceres cada 24 horas, por lo que los astronautas aprovechan para intentar tomar la foto más sobrecogedora del momento en que aparece el Sol en nuestro planeta.
Quizá esta foto del 4 de julio del 2013 sea la mejor de este año, y muestra al Sol muy bajo en el horizonte mientras se forman nubes tormentosas por sobre la costa de Brasil. Las sombras de las nubes en el agua son un signo que el Sol estaba muy bajo.
Link: Slate

jueves, 12 de diciembre de 2013

El mejor vídeo del universo

YouTube:

El Museo Americano de Historia Natural colgó en la red este espectacular vídeo, una reconstrucción informática que muestra un "viaje" desde la superficie de la Tierra hasta los límites del universo conocido.

domingo, 1 de abril de 2012

Estiman que hay miles de millones de planetas en zonas habitables de la galaxia

Recreación artística de un atardecer en la súper-Tierra 'Gliese 667 Cc'. | ESO Recreación artística de un atardecer en la súper-Tierra 'Gliese 667 Cc'. | ESO
Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto que en las zonas habitables en torno a las estrellas enanas rojas de la Vía Láctea existen decenas de miles de millones de planetas rocosos, según ha informado este miércoles el Observatorio Europeo Austral (ESO) desde su central en Garching, en el sur de Alemania.
El sondeo, realizado con el espectrógrafo HARPS, el 'cazador de planetas' instalado en el telescopio de 3,6 metros del observatorio de La Silla, en Chile, permitió además deducir que en las vecindades del Sistema Solar, a distancias inferiores a 30 años luz, debe haber una centena de 'súper-Tierras' (con una masa de entre una y diez veces la de la Tierra).
Es la primera vez, además, que se mide de forma directa la frecuencia de súper-Tierras en torno a estrellas rojas débiles, que constituyen el 80 por ciento de las estrellas de nuestra galaxia.

Estrellas enanas rojas

El equipo de HARPS ha estado buscando exoplanetas orbitando alrededor de las estrellas más comunes de la Vía Láctea —estrellas enanas rojas (también conocidas como enanas tipo M). Estas estrellas son débiles y frías en comparación con nuestro Sol, pero muy comunes y longevas, y de hecho suponen el 80% de todas las estrellas de la vía Láctea.
"Alrededor del 40% de todas las estrellas enanas rojas tienen una súper-Tierra orbitando en su zona de habitabilidad, una zona que permite la existencia de agua líquida sobre la superficie del planeta," explicó el líder del equipo internacional, Xavier Bonfils.
Según el astrónomo del Observatorio de Ciencias del Universo de Grenoble (Francia), dado que las enanas rojas son tan comunes -hay unos 160.000 millones en la Vía Láctea-, se puede concluir que "hay decenas de miles de millones de planetas de este tipo sólo en nuestra galaxia".

Seis años de observaciones

Durante las observaciones, realizadas durante un periodo de seis años en los cielos australes a partir de una muestra compuesta por 102 estrellas enanas rojas, los científicos descubrieron un total de nueve súper-Tierras.
Los astrónomos estudiaron la presencia de diferentes planetas en torno a enanas rojas y lograron determinar que la frecuencia de súper-Tierras en la zona de habitabilidad es de un 41% en un rango que va de un 28 por ciento a un 95%.
Por otra parte, los planetas gigantes -similares a Júpiter y Saturno en nuestro Sistema Solar-, es decir, con una masa de entre 100 y 1.000 veces la de la Tierra, no son tan comunes alrededor de enanas rojas, con una presencia inferior al 12%.
Según Stéphane Udry, del Observatorio de Ginebra, "la zona de habitabilidad en torno a una enana roja, donde la temperatura es apta para la existencia de agua líquida en la superficie, está más cerca de la estrella que en el caso de la Tierra con respecto al Sol".
"Pero las enanas rojas se conocen por estar sujetas a erupciones estelares o llamaradas, lo que inundaría el planeta de rayos X o radiación ultravioleta: esto haría más difícil la existencia de vida", agregó.

El planeta más parecido a la Tierra

Por su parte, Xavier Delfosse, del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, indicó que ahora que se conoce la existencia de muchas súper-Tierras cercanas, "se espera que alguno de esos planetas pase frente a su estrella anfitriona durante su órbita en torno a la misma".
"Esto abrirá la excitante posibilidad de estudiar la atmósfera de estos planetas y buscar signos de vida", concluyó.
Uno de los planetas descubiertos en el sondeo de enanas rojas de HARPS es 'Gliese 667 Cc'. Es el segundo planeta de este sistema triple estelar y parece estar situado cerca del centro de la zona de habitabilidad. Pese a que este planeta es más de cuatro veces más pesado que la Tierra, es el más parecido a nuestro planeta de los encontrados hasta el momento, y casi con total seguridad cuenta con las condiciones adecuadas para la existencia de agua líquida en su superficie. Se trata de la segunda súper-Tierra dentro de la zona de habitabilidad de una enana roja descubierta durante este sondeo de HARPS, tras el anuncio del descubrimiento en 2007 de Gliese 581d y su posterior confirmación en el año 2009.

Fuente: http://www.elmundo.es

domingo, 2 de mayo de 2010

Las matemáticas tras la física que subyace al universo


Shing-Tung Yau explica cómo descubrió las dimensiones ocultas de la teoría de cuerdas.

Shing-Tung Yau es una fuerza de la naturaleza. Es más conocido por concebir las matemáticas detrás de la teoría de cuerdas – que mantiene que al nivel más profundo de la realidad, nuestro universo está formado por cuerdas vibrantes en diez dimensiones. Pero el genio de Yau va más allá. Ha generado la moderna sinergia entre la geometría y la física, liderando trabajos en equipo sin precedentes en matemáticas, y ha ayudado también a fomentar un renacimiento intelectual en China.

A pesar de haber crecido en la pobreza en una granja de Hong Kong, Yau se abrió camino hasta llegar a la Universidad de California, en Berkeley, donde estudió con el geómetra chino Shiig-She Chern y el maestro de las ecuaciones no lineales, Charles Morrey. Entonces, a la edad de 29 años, Yau demostró la conjetura de Calabi, que postula que la existencia de espacios hexadimensionales ocultos bajo la realidad que percibimos. Estas dimensiones ocultas dan rigor a la teoría de cuerdas complementando las tres dimensiones espaciales y la dimensión temporal descritas en la teoría de la relatividad general de Einstein.

Desde entonces, Yau ha obtenido puestos en el Instituto de Estudios Avanzados, en la Universidad de Stanford, en Harvard (donde dirige actualmente el Departamento de Matemáticas), enseñando a dos generaciones de estudiantes de doctorado y embarcándose en lejanas colaboraciones que van desde la naturaleza de la materia oscura a la formación de los agujeros negros. Yau ha ganado la medalla Fields, una beca MacArthur, y el premio Wolf.

Con todo, Yau ha mantenido una posición franca. En China ha llamado a la jubilación de la vieja guardia académica, para dejar crecer al nuevo talento. En los E.E.U.U. ha criticado lo que considera crasos errores en demostraciones matemáticas de jóvenes académicos. Yau también se ha esforzado por hablar al público; su libro “La forma del espacio interior”, escrito junto con Steve Nadis, se publicará el próximo otoño. Reflexionó en febrero sobre su vida y obra con la editora senior de la revista DISCOVER, Pamela Weintraub, en su oficina de Harvard durante cuatro días.
(...)
Usted es más conocido por su trabajo en la conjetura de Calabi, que en su día fue uno de los mayores problemas sin resolver en las matemáticas de las dimensiones superiores. ¿Qué le llevó a él?

Me sentía arrastrado por los importantes problemas que me daban una visión profunda de la geometría y del espacio-tiempo. A veces, resolviendo un problema, creas una nueva forma de pensar, a veces las propias matemáticas son bellas. El problema con el que trabajé, la conjetura de Calabi, es un enunciado muy elegante sobre la curvatura de las variedades complejas.

¿Qué significa curvatura en este contexto, ya que no estamos hablando del tipo de curvas que observamos normalmente?

La curvatura es información de segundo orden – por ejemplo, supón que estoy conduciendo un coche a lo largo de una curva en una autovía. La velocidad del coche cambiará a medida que recorres la curva, así que puedes medir la curva en base a los cambios en la velocidad a lo largo de dicha línea unidimensional. Del mismo modo, existe también la llamada curvatura de Gauss, que te da la curvatura de una superficie bidimensional multiplicando la curvatura más grande por la curvatura más pequeña de la familia de todas las curvas tangentes a la superficie en dicho punto. Para espacios de dimensiones superiores, como el espacio tridimensional que nos rodea, calculamos la curvatura de todas las superficies bidimensionales que pasan por dicho punto. Finalmente tenemos la curvatura de Ricci, que medimos promediando la curvatura de todas las superficies bidimensionales tangentes entre ellas a lo largo de una dirección común. En esencia, la curvatura de Ricci es una media de una parte de la curvatura total del espacio. Es un concepto geométrico abstracto, pero es fundamental.

¿Por qué es la curvatura de Ricci fundamental?

En física, la curvatura de Ricci es análoga a la materia. El espacio con curvatura de Ricci cero es el vacío.

¿Y cómo está todo esto relacionado con la conjetura de Calabi?

Calabi dijo que determinadas condiciones topológicas requieren la existencia de espacios complejos cerrados y no planos sin curvatura de Ricci en ningún punto. Tales espacios tendrían muchas propiedades maravillosas. Podrías encontrar lazos sub-dimensionales o el toro que describí en mi primer artículo – o podrías encontrar branas (membranas) que se cortan entre sí. Estaba 100 % seguro de que los espacios que Calabi requería no podrían existir. Ningún matemático o físico ha encontrado nunca un ejemplo de estos, y la mayoría de geómetras los consideraban demasiado buenos para ser reales.

¿Y qué hizo después?

Dediqué mucho tiempo a pensar en cómo refutar a Calabi. En 1973 estaba dando clases en SUNY – Stony Brook – y pensando en irme a Stanford. En mayo de aquel año puse mis pertenencias en un pequeño Volkswagen y conduje a lo largo de la autopista 80. Pensaba que E.E.U.U. era un país donde todos viajaban de un lado a otro de éste, pero para mi asombro, mucha gente de la que encontré por el camino me dijeron que nunca habían conducido más allá de diez millas de su pueblo. Crucé las Montañas Rocosas. El coche se averió llegado un punto. Cuando llevaba en Stanford unos meses, pensé que por fin había refutado a Calabi.

Refutar la conjetura de Calabi sería un gran logro; ¿cómo lo anunció?

En agosto había una gran conferencia en Stanford con los mejores geómetras del mundo, incluyendo a Calabi. Hablé con él, y le conté mi idea. Me dijo: “Eso suena genial. ¿Por qué no me das una charla sobre ello?” Estaba programada para las 19 horas, y Calabi llevó a algunos colegas suyos de la Universidad de Pensilvania, y entonces, algunos otros se enteraron, y aún otros cuantos más también se enteraron. Había una pequeña multitud. Hablé alrededor de una hora, y Calabi estaba emocionado. “He estado esperando esto durante mucho tiempo, y espero que sea correcto”, dijo. El resto dijo: “Genial, finalmente podemos dejar de pensar ilusamente que Calabi está en lo cierto”. Entonces Calabi me escribió en octubre. Me dijo: “Estoy intentando reconstruir tu argumento, y estoy encontrando algunas dificultades. ¿Podrías explicarme los detalles?”. Empecé a reconstruirlo y encontré también un problema. Estaba totalmente avergonzado. No respondí a Calabi en ese momento y en vez de eso intenté con todas mis fuerzas parchear la demostración. No pude, así que eché un vistazo para encontrar otros ejemplos donde Calabi estuviese equivocado. No dormí durante dos semanas. Pero cada vez que encontraba un ejemplo que se acercaba, la prueba caía en el último minuto. Al final, dije, ¡hey!, esto no puede ser tan complicado. Tuve entonces, una percepción mucho más profunda del problema y sentí que tenía que tener algo de cierto. Determiné que tenía que ser correcto.

Así que después de todo el trabajo tratando de demostrar que la conjetura de Calabi era errónea, ¿decidió después de todo que era correcta?

Empecé desarrollando las herramientas para entenderla, y en 1975, sólo faltaba una parte de la demostración. Ese año mi mujer consiguió un trabajo en Los Angeles. Me trasladé a la Universidad de Los Ángeles. En un período de tiempo corto nos casamos, compramos un coche, una casa en el valle y tuvimos que buscar los muebles. Mi madre vino de Hong Kong a la boda, y también los padres de mi futura esposa – todos ellos vivieron bajo el mismo techo y se pelearon; fue complicado, una locura. Estaba harto, así que me encerré en el estudio, y pensé en Calabi en vez de en los problemas familiares, y resolví el problema. Repasé tres veces la prueba en detalle, y fui a ver a Calabi a Pensilvania. En un día de navidad nevado, vino conmigo a visitar al matemático Louis Nirenberg, de la Universidad de New York. Pasamos todo el día de navidad con el problema, y dediqué el mes siguiente a escribir la prueba para su publicación.

Las implicaciones fueron enormes. Se hizo famoso en un instante.

Resolvió cerca de una docena de los grandes problemas de la geometría algebraica. Muchas personas me ofrecieron trabajos.

Algunos de los espacios con un número elevado de dimensiones llamados ahora espacios de Calabi-Yau han resultado ser fundamentales en la teoría de cuerdas. ¿Cuál es la conexión?

Cuando Einstein publicó su Teoría de la Relatividad general en 1915, se quería unificar la gravedad con el electromagnetismo. Los matemáticos de entonces pensaron que podrían conseguirlo con cinco dimensiones, cuatro espaciales y una temporal. Pero entonces los físicos encontraron nuevas partículas y necesitaron dimensiones extra para las fuerzas fuerte y débil. Cuando resolvieron todo, determinaron que podían explicar el universo con algo que llamaron Teoría de Cuerdas, que sustituye las partículas puntuales de la física de partículas con cuerdas vibrantes muy pequeñas. Para ser consistente con la teoría cuántica, las cuerdas necesitan diez dimensiones en las que vibrar: tres espaciales, una temporal, y seis dimensiones compactas. Estas dimensiones compactas son tan pequeñas que no las puedes detectar a través de ningún experimento concebible. Tan sólo forman parte de la teoría. Sucede que los espacios de Calabi-Yau de seis dimensiones tienen también características topológicas específicas que satisfacen los requisitos de la teoría de cuerdas. Si esos espacios modelaban el espacio de seis dimensiones requerido por la Teoría de Cuerdas, nos ayudarían a deducir la geometría y, por extensión, las leyes físicas del universo.

Algunas teorías cosmológicas implican la existencia de otros universos. ¿Podría cada espacio de Calabi-Yau describir un conjunto diferente de leyes en dichos universos?

Sí. Cada universo aislado puede ser modelado por un espacio de Calabi-Yau diferente. Pero algunos de mis colegas estudiaron un bonito concepto llamado simetría de espejo, en el que cada espacio tiene una imagen especular con la misma teoría cuántica de campos y la misma física.

¿Cúantos espacios de Calabi-Yau hay?

Usando un programa de ordenador, Philip Candelas, de la Universidad de Texas, en Austin, encontró hasta 10 000 espacios de Calabi-Yau, de los que casi la mitad de ellos eran las imágenes especulares de los otros. Cada miembro de un par es topológicamente diferente, pero todavía se adecua al otro algebraicamente y da lugar a las mismas fuerzas, las mismas partículas y las mismas reglas. La estructura geométrica resultante puede usarse para determinar las cantidades físicas asociadas a cada espacio, como la masa de las partículas.

La Teoría de Cuerdas suele describirse como una manera matemáticamente elegante de explicar toda la física. Pero, ¿cómo podemos saber si describe realmente el universo?

No podemos estar seguros, pero las matemáticas inspiradas por la Teoría de Cuerdas resuelven algunas viejas preguntas. Esa parte es rigurosa y su verdad no puede ser desafiada. Si la estructura de las matemáticas es profunda, resolverá algo de la naturaleza de un modo u otro; es difícil imaginar que una estructura tan profunda no se corresponde con nada. Todo lo fundamental en matemáticas ha tenido al final algún significado en el mundo físico.
(...)

Fuente: cienciakanija.com

Enlace Original: discovermagazine.com

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