martes, 16 de julio de 2019

De un Universo casi perfecto a lo mejor de dos mundos




Sucedió el 21 de marzo de 2013. La prensa científica de todo el mundo se había congregado en la sede parisina de la ESA o se había conectado online, junto a una multitud de científicos, para presenciar el momento en que la misión Planck de la ESA revelaría su ‘imagen’ del cosmos. Una imagen capturada no en luz visible, sino en microondas.

Mientras que la luz que nuestros ojos puede ver está compuesta por pequeñas longitudes de onda, de menos de una milésima de milímetro, la radiación que estaba detectando Planck abarcaba longitudes algo mayores, de unas décimas de milímetro a varios milímetros. Y sobre todo, se había generado en los albores del Universo.

Esta radiación se conoce colectivamente como fondo cósmico de microondas. Al medir sus minúsculas diferencias a lo largo del firmamento, la imagen de Planck era capaz de hablarnos sobre la edad, la expansión, la historia y el contenido del Universo. Nada más y nada menos que un primer plano cósmico.

Los astrónomos sabían lo que buscaban. Dos misiones de la NASA, COBE a principios de los noventa y WMAP durante la década siguiente, ya habían llevado a cabo una serie de estudios análogos del firmamento que proporcionaron imágenes similares. Pero carecían de la precisión y la nitidez de Planck.

La nueva vista mostraría la impronta del Universo temprano con un detalle sin precedentes. Y había mucho en juego.

Si nuestro modelo del Universo era correcto, Planck lo confirmaría con unos niveles de precisión inauditos. Si el modelo estaba equivocado, Planck mandaría a los científicos de vuelta a la mesa de dibujo.     
            
Una vez revelada la imagen, los datos confirmaron el modelo. Respondía con tal precisión a las expectativas que no cabía extraer otra conclusión: Planck nos mostraba un ‘universo casi perfecto’. Pero ¿por qué ‘casi’? Porque quedaban algunas anomalías, que se convertirían en el objetivo de la investigación futura.

Ahora, cinco años después, el Consorcio Planck acaba de publicar los datos definitivos del legado de Planck. El mensaje de la misión es el mismo, e incluso se ve reforzado.

“Se trata del legado más importante de Planck —señala Jan Tauber, científico del proyecto Planck de la ESA—. Hasta el momento, el modelo cosmológico estándar ha superado todas las pruebas y Planck ha efectuado las mediciones que lo demuestran”.

Todos los modelos de cosmología se basan en la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. Para reconciliar las ecuaciones de la relatividad general con un amplio abanico de observaciones, incluidas las de la radiación cósmica de fondo, el modelo estándar incorpora la acción de dos componentes desconocidos.

En primer lugar, un componente de materia atractivo, denominado materia oscura fría y que, a diferencia la materia común, no interactúa con la luz. En segundo lugar, una forma repulsiva de energía, conocida como energía oscura, que promueve la actual expansión acelerada del Universo. Se ha descubierto que son componentes esenciales para explicar nuestro cosmos junto a la materia común conocida. Pero por el momento no sabemos qué son exactamente estos componentes exóticos.

Planck se lanzó en 2009 y recopiló datos hasta 2013. El primer lanzamiento de datos, que mostraba el Universo casi perfecto, tuvo lugar en la primavera de ese año. Se basaban únicamente en la temperatura de la radiación cósmica de fondo y solo empleaba los dos primeros estudios del firmamento de la misión.

Los datos también presentaban pruebas adicionales de una fase muy temprana de expansión acelerada, denominada inflación, en la primera minúscula fracción de un segundo en la historia del Universo, durante la cual surgió el germen de todas las estructuras cósmicas. Al proporcionar una medida cuantitativa de la distribución relativa de estas fluctuaciones primigenias, Planck ofreció la confirmación más clara jamás obtenida del escenario inflacionario.

Además de cartografiar la temperatura del fondo cósmico de microondas a lo largo de firmamento con una precisión sin precedentes, Planck también midió su polarización, que indica si la luz vibra en una dirección preferente. La polarización de la radiación cósmica de fondo ofrece una huella de la última interacción entre la radiación y las partículas de materia del Universo temprano, y como tal contiene información adicional y fundamental sobre la historia del cosmos. Además, también contiene información sobre los primeros instantes del Universo y nos proporciona claves para comprender su nacimiento.

En 2015, un segundo lanzamiento de datos recogía todos los datos recopilados durante la misión, que abarcaba ocho estudios del firmamento. Incluía la temperatura y la polarización, pero venía con una advertencia.

“Sabíamos que la calidad de algunos de los datos de polarización no era suficiente para utilizarse en cosmología”, reconoce Jan. Y añade que, por supuesto, eso no les impidió seguir adelante, aunque ciertas conclusiones extraídas en ese momento precisarían de confirmación y, por lo tanto, deberían tratarse con cautela.

Y ese es el gran cambio que aporta este lanzamiento de datos de 2018. El Consorcio Planck los ha procesado de nuevo. La mayoría de señales tempranas que exigían precaución han desaparecido. Los científicos ahora están seguros de que tanto la temperatura como la polarización se han determinado de forma precisa.

“Estamos convencidos de que podemos obtener un modelo cosmológico basado únicamente en la temperatura, únicamente en la polarización o basado en ambas magnitudes. Y todos coinciden”, explica Reno Mandolesi, principal investigador del instrumento LFI de Planck en la Universidad de Ferrara (Italia).

“Desde 2015, otros experimentos han ido recopilando más datos astrofísicos y se han llevado a cabo nuevos análisis cosmológicos, combinando observaciones de la radiación cósmica de fondo a pequeñas escalas con observaciones de galaxias, cúmulos galácticos y supernovas, que en la mayoría de casos han mejorado la coherencia con los datos de Planck y el modelo cosmológico que respalda”, añade Jean-Loup Puget, principal investigador del instrumento HFI de Planck en el Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay (Francia).

Se trata de toda una proeza e implica que los cosmólogos pueden estar seguros de que su descripción del Universo, con materia común, materia oscura fría y energía oscura, y poblado por estructuras surgidas durante una fase temprana de expansión inflacionaria, es correcto en su mayor parte.

Aún quedan por explicar algunas anomalías, o tensiones, como las llaman los cosmólogos. Una en concreto tiene que ver con la expansión del Universo. Su velocidad viene dada por la denominada constante de Hubble.

Para obtener esta constante, los astrónomos normalmente tenían que observar distancias a lo largo del cosmos y se veían limitados a hacerlo en el Universo más cercano, midiendo el brillo aparente de determinados tipos de estrellas variables y estrellas en explosión, cuyo brillo real se puede estimar de forma independiente. Se trata de una técnica ampliamente probada y desarrollada a lo largo del último siglo, descubierta por Henrietta Leavitt y aplicada posteriormente, a finales de los años veinte, por Edwin Hubble y sus colaboradores, que utilizaron estrellas variables en galaxias distantes y otras observaciones para revelar que el Universo se estaba expandiendo.

El valor que los astrónomos derivan de la constante de Hubble empleando una gran variedad de observaciones punteras, incluidas algunas del telescopio espacial Hubble de la NASA/ESA  (que debe su nombre a este científico pionero), y más recientemente a la misión Gaia de la ESA, es de 73,5 km/s/Mpc, con una incertidumbre de tan solo un dos por ciento. Estas unidades indican la velocidad de la expansión en km/s por cada millón de pársecs (Mpc) de separación en el espacio, donde un pársec equivale a 3,26 años luz.

Una segunda forma de calcular la constante de Hubble es usar el modelo cosmológico coherente con la imagen del fondo cósmico de microondas, que representa un Universo muy joven, y calcular una predicción de cuál sería la constante hoy. Al aplicarse a los datos de Planck, este método nos da un valor menor, de 67,4 km/s/Mpc, con una mínima incertidumbre, inferior al uno por ciento.

Por un lado, resulta extraordinario que dos formas tan distintas de derivar la constante de Hubble (una empleando el Universo local y maduro, y la otra basada en el Universo distante y temprano) ofrezcan resultados tan cercanos. Por otro, en principio estas dos cifras deberían coincidir dentro de sus respectivas incertidumbres. Esta es la tensión, y la pregunta es ¿cómo reconciliarlas?

De ambos lados existe el convencimiento de que los errores que podrían quedar en sus métodos de medida son demasiado pequeños como para provocar esta discrepancia. Así que, ¿quizá nuestro entorno cósmico local tiene alguna peculiaridad que haga que la medición cercana presente una leve anomalía? Por ejemplo, sabemos que nuestra Galaxia se halla en una región más bien poco densa del Universo, lo que podría afectar al valor local de la constante de Hubble.

“No hay una única solución astrofísica satisfactoria que pueda explicar esta discrepancia. Así que puede que exista una nueva física aún por descubrir”, apunta Marco Bersanelli, investigador principal adjunto del instrumento LFI en la Universidad de Milán (Italia).

Como ‘nueva física’ se entiende que una serie de partículas o fuerzas exóticas podrían influir en los resultados. Sin embargo, por muy emocionante que suene, los resultados de Planck limitan enormemente esta posibilidad, ya que encaja a la perfección en la mayoría de observaciones.

“Es muy difícil añadir una nueva física que resuelva la tensión, pero que a la vez conserve la descripción precisa del modelo estándar, en la que ya encaja todo lo demás”, señala François Bouchet, investigador principal adjunto del instrumento HFI en el Instituto de Astrofísica de París.

Así pues, nadie ha sido capaz de aportar una explicación satisfactoria para las diferencias entre las dos mediciones, y la cuestión sigue sin resolverse.

“Por el momento, no deberíamos hacernos demasiadas ilusiones con encontrar una nueva física: la discrepancia relativamente menor quizá podría explicarse por una combinación de pequeños errores y efectos locales. Pero tenemos que seguir mejorando nuestras mediciones y pensando en formas mejores de explicarla”, advierte Jan.

Este es el legado de Planck: con su Universo casi perfecto, la misión ha confirmado a los investigadores sus modelos, salvo por un par de detalles que habrá que resolver. En otras palabras: lo mejor de dos mundos.


domingo, 23 de junio de 2019

3.000 millones de posibilidades de vida

Tres de cada cuatro estrellas del universo tienen planetas que podrían albergar seres vivos en condiciones extremas


Recreación de la superficie del planeta Proxima b y su estrella Proxima Centauri.


Recreación de la superficie del planeta Proxima b y su estrella Proxima Centauri. ESO / M. KORNMESSER

En el universo Star Trek, la Primera Directiva de la Federación Unida de Planetas impide que sus miembros interfieran en el desarrollo cultural de las civilizaciones alienígenas. Aquellas que no tengan la tecnología para viajar más rápido que la luz y entrar en contacto con civilizaciones de otros mundos son protegidas de ese conocimiento hasta que lo alcanzan por sus propios medios. Una norma así habría mantenido a los humanos en la inopia y explicaría una paradoja que intrigó a Enrico Fermi años después de ayudar a crear la bomba atómica. ¿Si hay una cantidad casi incontable de planetas y con ello inmensas posibilidades de que surja una civilización en alguno de ellos, por qué no existe ninguna evidencia de que esto haya sucedido? Tres de cada cuatro estrellas podrían albergar vida en circunstancias extremas. Según una hipótesis, cerca de 3.000 millones de planetas podrían ser habitables en la Vía Láctea.



Los planetas descubiertos tendrían una cara abrasada por el calor y otra congelada

Como civilización atrasada, al menos según los parámetros de Star Trek, los habitantes de la Tierra debemos continuar explorando poco a poco otros planetas en busca de señales que digan si estamos solos. Esta misma semana, se ha anunciado el descubrimiento de un nuevo sistema solar con dos planetas como el nuestro a 12,5 años luz, muy cerca en términos cósmicos. Estos dos nuevos mundos están a la distancia justa de Teegarden, su estrella, y los astrónomos, que utilizaron un telescopio del observatorio almeriense de Calar Alto (Almería) para realizar el hallazgo, calculan que la temperatura allí sería templada y podrían tener agua líquida en la superficie, una condición básica para la vida que conocemos.



DISTANCIA DESDE LA TIERRA A 19 POSIBLES PLANETAS HABITABLES



Fuente: NASA y PHL. R. SILVA - N. CATALÁN 


Difícil evolución

Pero la aparición de seres que se autorreplican y evolucionan, desde bichos microscópicos a animales visibles y a individuos creadores de máquinas para comunicarse entre sistemas estelares, no es tan sencilla. O Fermi no se habría enfrentado a su paradoja. Para empezar, las estrellas en las que se han descubierto los sistemas planetarios en regiones habitables tienen poco que ver con el sol. Todas son enanas rojas, las estrellas más abundantes del universo y, por consiguiente, el entorno en el que más exoplanetas se pueden encontrar. Su pequeño tamaño y la poca energía que emiten hace que casi nunca puedan verse desde la Tierra sin telescopios. Para recibir suficiente calor de su estrella, debe orbitar muy cerca de ella. Y esto tiene consecuencias.
Probablemente, muchos de estos mundos cercanos (y supuestamente habitables), como los dos de Teegarden, el sistema que rodea a Trappist-1 o Proxima b, enseñan siempre la misma cara a su estrella. Esto sucede cuando un objeto de menor tamaño, como la luna con la Tierra o Mercurio con el Sol, están demasiado cerca de otro cuerpo mayor. Eso hace que en todos estos exoplanetas sean esperables condiciones extremas. Una cara sería un desierto hirviente y la otra un gigantesco bloque de hielo. Entre esos dos infiernos, una franja de pocos kilómetros de ancho en la que la temperatura fuese adecuada y el hielo derretido procedente de la cara oculta del planeta harían posible la vida.






Los telescopios en Calar Alto, Almería, desde el que se han desbierto dos nuevos planetas extrasolaresampliar foto
Los telescopios en Calar Alto, Almería, desde el que se han desbierto dos nuevos planetas extrasolares


Pero incluso en ese reducto, las condiciones no serían ideales. Las grandes diferencias de temperatura, como las que producen los huracanes en la Tierra, pero mucho mayores, generarían unos vientos que barrerían con violencia la superficie de un mundo como Proxima b, haciendo que, en caso de existir, sus formas vegetales y animales deban adaptarse para no salir volando contra el muro de hielo en un lado o lanzadas al desierto ardiente del otro.
La vida en este tipo de planetas, los más abundantes del cosmos, tendría un enemigo quizá más formidable. Las enanas rojas, mucho menores que nuestro sol, no tienen masa suficiente para estabilizar el inmenso reactor de fusión nuclear que calienta sus entrañas. Periódicamente, lanzan llamaradas de radiación que arrasarían las atmósferas de sus planetas y aniquilarían a los seres vivos de su superficie. Uno de estos cataclismos se observó en Proxima Centauri, la estrella que orbita Proxima b, en marzo de 2016. Entonces, según publicó un grupo de astrónomos españoles y de EE UU, la enana roja emitió un potente estallido de luz que multiplicó su brillo por 70. Pese a que normalmente no se pueden ver con el ojo desnudo, durante algunos segundos, Proxima Centauri se pudo observar desde el hemisferio sur sin ayuda tecnológica. La superficie de Proxima b debió ser un infierno.



¿CUÁL ES LA ZONA HABITABLE ALREDEDOR DE UNA ESTRELLA?
Es la región periférica donde es posible que se desarrolle algún tipo de vida. Depende de la distancia y de la temperatura que el astro genera.



Fuente: PHL. N. C. 


Los defensores de los planetas que orbitan enanas rojas como lugares en los que buscar vida tienen algunos argumentos a su favor, además del hecho de que tres de cada cuatro estrellas de la Vía Láctea son de ese tipo. Por un lado, un buen campo magnético, como el que lleva millones de años evitando que la radiación solar abrase la vida en la Tierra, podría, según algunos investigadores, resistir los embates de los estallidos de rayos X de las estrellas. Además, como contaba el investigador en el Centro de Astrobiología en Madrid Alberto González Fairén cuando se produjo el descubrimiento de Proxima b, gran parte de esa furia se produce cuando la estrella es joven, “durante sus primeros millones de años de existencia, para quedar después como estrellas mucho menos activas”.



LA INMENSIDAD DEL COSMOS
Estimación



a. Tres exoplanetas de media por estrella. Solo el Sol, por ejemplo, tiene ocho grandes planetas, cinco menores y docenas enanos.
b. Hipótesis: 1% de planetas en la zona habitable de su sistema.


Fuente: Elaboración propia. 


Las enanas rojas son más pequeñas y brillan menos, pero tienen una vida mucho más prolongada. Teegarden, por ejemplo, se formó hace unos 9.000 millones de años, el doble que nuestro sistema solar, y le pueden quedar 10 billones (de los españoles, sí) de años de existencia. Mucho tiempo para que el azar genere las circunstancias en las que pueda surgir la vida. El Sol, sin embargo, tiene solo 10.000 millones de años por delante y, a diferencia de las enanas rojas, incrementa progresivamente su temperatura. El calor hará imposible la vida en la Tierra mucho antes del colapso de nuestra estrella.
Mientras desarrollamos tecnologías para viajar a través del espacio en tiempos asumibles, la búsqueda de vida extraterrestre puede ser frustrante dependiendo de las expectativas. Hace poco, el director científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), Günther Hasinger, afirmó en este periódico: "Encontraremos señales de formas de vida fuera de la Tierra en los próximos años”. Pero mejor no imaginar seres más o menos extraños que caminan sobre dos patas y tienen culturas exóticas. La vida en la Tierra apareció pocos cientos de millones de años después de la formación del planeta, pero la llegada de animales requirió 3.000 millones de años más, así que es menos probable que los hombrecillos verdes hayan tenido tiempo de evolucionar en alguno de los más de 4.000 planetas extrasolares que ya hemos identificado.



El universo podría albergar inteligencia extraterrestre que no estuviese viva, que fuese artificial

En los próximos años, la construcción de supertelescopios terrestres y el lanzamiento de grandes telescopios espaciales como el James Webb, nos permitirán observar con cierta precisión la atmósfera de los nuevos mundos descubiertos. Allí, se buscarán señales de actividad biológica, pero si se encuentran, lo más probable es que se trate de algas o bacterias como las que modificaron la atmósfera y la hicieron habitable para nosotros hace miles de millones de años. Pero la tecnología para confirmar los descubrimientos tardará en llegar y enviar una sonda a estudiar aquellos mundos, incluso los más cercanos, parece todavía ciencia ficción.
Existe una última posibilidad inquietante sobre la presencia de seres inteligentes en el universo cercano. Algunos gurús de la tecnología prevén que en las próximas décadas el progreso de la inteligencia artificial dará lugar a la emergencia de inteligencias generales autónomas, capaces de actuar sin necesidad de recibir nuestras órdenes y que pueden generar sus propios objetivos. En esta visión del futuro, las máquinas podrían ponerse a nuestro servicio y crear una civilización idílica en la que los robots hiciesen nuestro trabajo, curasen nuestras enfermedades e inventasen medios para obtener cantidades ilimitadas de energía para los humanos. Pero esa no es la única opción.

Inteligencia artificial

Una inteligencia artificial puede tener también objetivos ajenos a nuestro bienestar. Frente a los intereses propios de los seres vivos, como el alimento, el sexo o la acumulación de poder, las máquinas podrían tener otros objetivos aparentemente estúpidos, como transformar en brocas del ocho todos los átomos del universo, incluidos los que conforman nuestros cuerpos. Nuestra ilusión por encontrar civilizaciones extraterrestres con las que compartir vivencias y conocimiento se puede topar con unos seres superinteligentes e inertes dispuestos a conquistar el universo para convertirlo en un absurdo. Los planetas que orbitan Teegarden llevan 5.000 millones de años más en el universo que nuestra Tierra. Las fases de la evolución han podido sucederse en alguno de aquellos mundos y la vida inteligente ha podido ser sustituida por una inteligencia artificial que no respeta la Primera Directiva de la Federación de Planetas y ya mira hacia la Tierra con intenciones aviesas.

sábado, 8 de junio de 2019

New evidence from LHC shows pentaquark has a molecule-like structure

New evidence from LHC shows pentaquark has a molecule-like structure
Credit: APS/Carin Cain
A team of researchers working on the LHCb collaboration has found evidence showing that a pentaquark they have observed has a molecule-like structure. In their paper published in the journal Physical Review Letters, the group describes the evidence and the structure of the pentaquark they observed.
Four years ago, a team working at the Large Hadron Collider (LHC) observed what is known as a pentaquark by smashing protons into each other. Its existence had been theorized, but it was not until the right technology was deployed at the LHC that researchers were able to observe it with a reasonable degree of confidence. It was subsequently found to be a particle made up of four  and one antiquark. (Quarks are indivisible particles that make up neutrons and protons.)
In this new effort, the researchers have gained a better perspective on the actual organization of the pentaquark. They report that they have nine times as much data from observations as they had when the pentaquark was first observed, so they have high confidence in their findings. They report that the pentaquark was made up of a three-quark baryon and a quark-antiquark meson, and that they were bound together in a way reminiscent of a molecule.
More specifically, they found that the pentaquark was made up of different "flavors" of quarks—two up quarks, one down quark, one charm quark, and finally, a single anti-charm quark. They further report that they do not know what was the driving factor that led to the arrangement of its components. They also noted that the initial observation of the pentaquark three years ago was actually an observation of two pentaquarks that were nearly identical.
The researchers also report that their observations were the first ever to see baryons and mesons sticking together—until now, baryons have only been observed sticking to other baryons. They also acknowledge that it is conceivable that not all pentaquarks have the same molecular-type structure that they observed, noting that theory suggests it is possible for them to have other types, including split-second interactions. They hope more research will contribute to further understanding of the pentaquark and its characteristics.

lunes, 13 de mayo de 2019

Un inesperado 'baby boom' de estrellas en la Vía Láctea

MISIÓN 'GAIA'
 Hace entre 3.000 y 2.000 millones de años






La historia de una estrella es una historia convulsa. Como la de las galaxias en las que viven. Y gracias a una nave espacial que está estudiando más de mil millones de astros los científicos están escribiendo capítulos de la historia de la Vía Láctea que desconocían y llevándose algunas sorpresas.
Analizando los datos de la sonda Gaia, de la Agencia Espacial Europea (ESA), un equipo del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona y del Observatorio de Besançon ha descubierto que buena parte de las estrellas de nuestra galaxia nacieron en un periodo relativamente corto, que se prolongó durante unos 4.000 millones de años y tuvo su pico de actividad hace entre 3.000 y 2.000 millones de años.
Un auténtico baby boom estelar que se produjo en un momento sorprendente porque, como cuenta en conversación telefónica el primer autor del estudio, Roger Mor, a esa edad lo que esperaban es que el gas a partir del cual se forman los astros en nuestra galaxia se hubiera ido consumiendo y hubiesen nacido por tanto menos estrellas.
Pero empecemos por el principio. Como repasa Mor, recientemente Amina Helmi, astrofísica de la Universidad de Groninga, descubrió -también a partir de datos de la nave Gaia-, que hace entre 11.000 y 14.000 millones de años, una galaxia se fusionó con la Vía Láctea generando el grueso de sus estrellas.
El tiempo fue transcurriendo y, de la misma forma que la llama de un hornillo a gas se va apagando a medida que la bombona se va vaciando, el ritmo de nacimiento de estrellas en nuestra galaxia tendría que haber ido disminuyendo de forma paulatina y suave conforme el gas que impulsa su formación también decrecía. "Sin embargo, comparando simulaciones de la galaxia con las observaciones del satélite Gaia hemos visto que hace entre 7.000 y 5.000 millones de años la actividad de formación estelar se reactiva, hasta alcanzar su pico de actividad hace 3.000 millones de años", relata Mor.
"Fue una reactivación muy fuerte que no podemos explicar por algo ocurrido en nuestra propia galaxia, como podrían haber sido diversas explosiones de supernovas, que pueden llegar a provocar brotes de formación estelar, pero no tan grandes como éste", explica.

La ilustración está basada en datos recogidos por 'Gaia' y muestra la distribución de los tres millones de estrellas usadas en este estudio y un esquema de los brazos espirales de la Vía Láctea. El aspa morada indica el centro de la galaxia. Los colores muestran la densidad de estrellas que observa el satélite. En la zona roja está el Sol.



sábado, 20 de abril de 2019

Matter-antimatter asymmetry in charmed quarks




Why does matter dominate our universe?
Credit: © vovan / Fotolia
Physicists in the College of Arts and Sciences at Syracuse University have confirmed that matter and antimatter decay differently for elementary particles containing charmed quarks.
Distinguished Professor Sheldon Stone says the findings are a first, although matter-antimatter asymmetry has been observed before in particles with strange quarks or beauty quarks.
He and members of the College's High-Energy Physics (HEP) research group have measured, for the first time and with 99.999-percent certainty, a difference in the way D0 mesons and anti-D0 mesons transform into more stable byproducts.
Mesons are subatomic particles composed of one quark and one antiquark, bound together by strong interactions.
"There have been many attempts to measure matter-antimatter asymmetry, but, until now, no one has succeeded," says Stone, who collaborates on the Large Hadron Collider beauty (LHCb) experiment at the CERN laboratory in Geneva, Switzerland. "It's a milestone in antimatter research."
The findings may also indicate new physics beyond the Standard Model, which describes how fundamental particles interact with one another. "Till then, we need to await theoretical attempts to explain the observation in less esoteric means," he adds.
Every particle of matter has a corresponding antiparticle, identical in every way, but with an opposite charge. Precision studies of hydrogen and antihydrogen atoms, for example, reveal similarities to beyond the billionth decimal place.
When matter and antimatter particles come into contact, they annihilate each other in a burst of energy -- similar to what happened in the Big Bang, some 14 billion years ago.
"That's why there is so little naturally occurring antimatter in the Universe around us," says Stone, a Fellow of the American Physical Society, which has awarded him this year's W.K.H. Panofsky Prize in Experimental Particle Physics.
The question on Stone's mind involves the equal-but-opposite nature of matter and antimatter. "If the same amount of matter and antimatter exploded into existence at the birth of the Universe, there should have been nothing left behind but pure energy. Obviously, that didn't happen," he says in a whiff of understatement.
Thus, Stone and his LHCb colleagues have been searching for subtle differences in matter and antimatter to understand why matter is so prevalent.
The answer may lie at CERN, where scientists create antimatter by smashing protons together in the Large Hadron Collider (LHC), the world's biggest, most powerful particular accelerator. The more energy the LHC produces, the more massive are the particles -- and antiparticles -- formed during collision.
It is in the debris of these collisions that scientists such as Ivan Polyakov, a postdoc in Syracuse's HEP group, hunt for particle ingredients.
"We don't see antimatter in our world, so we have to artificially produce it," he says. "The data from these collisions enables us to map the decay and transformation of unstable particles into more stable byproducts."
HEP is renowned for its pioneering research into quarks -- elementary particles that are the building blocks of matter. There are six types, or flavors, of quarks, but scientists usually talk about them in pairs: up/down, charm/strange and top/bottom. Each pair has a corresponding mass and fractional electronic charge.
In addition to the beauty quark (the "b" in "LHCb"), HEP is interested in the charmed quark. Despite its relatively high mass, a charmed quark lives a fleeting existence before decaying into something more stable.
Recently, HEP studied two versions of the same particle. One version contained a charmed quark and an antimatter version of an up quark, called the anti-up quark. The other version had an anti-charm quark and an up quark.
Using LHC data, they identified both versions of the particle, well into the tens of millions, and counted the number of times each particle decayed into new byproducts.
"The ratio of the two possible outcomes should have been identical for both sets of particles, but we found that the ratios differed by about a tenth of a percent," Stone says. "This proves that charmed matter and antimatter particles are not totally interchangeable."
Adds Polyakov, "Particles might look the same on the outside, but they behave differently on the inside. That is the puzzle of antimatter."
The idea that matter and antimatter behaves differently is not new. Previous studies of particles with strange quarks and bottom quarks have confirmed as such.
What makes this study unique, Stone concludes, is that it is the first time anyone has witnessed particles with charmed quarks being asymmetrical: "It's one for the history books."
HEP's work is supported by the National Science Foundation.
Story Source:

Fuente: 
https://www.sciencedaily.com/releases/2019/03/190321130309.htm

Captada una señal de ondas gravitacionales nunca vista

  Los detectores LIGO y Virgo captan dos choques de agujeros negros contra estrellas de neutrones, los astros más densos del universo. Dos d...